Servidor público, por el pueblo ó por la plata?

Juan Manuel Corzo, presidente actual del Senado y abonado a las noticias infames de nuestro país, constante y cínicamente busca la manera de lograr incrementar sus beneficios y los de la institución que representa. Hace poco se quejó porque su sueldo, más de 30 veces superior al salario mínimo decretado en el país, no le alcanzaba para la gasolina de sus carros. Ahora lidera peticiones para la renovación de los automotores de los congresistas.

Tomada de El Tiempo

A la luz de los hechos, no deja de ser descarado. Pero claro, resulta que mientras más uno gana, más uno gasta, así que, aunque para cualquier peatón los sueldos y beneficios de un congresista son exhorbitantes, para ellos, por su estilo de vida, es apenas lo adecuado.

Hasta acá pareciera que les estoy dando la razón a los descarados congresistas, que para colmo casi nunca asisten a las sesiones parlamentarias. Pero no (?). El estilo de vida que ellos manejan es el que terminan adquiriendo por sus niveles de ingresos. Y esos elevadísimos niveles de ingresos son los que al fin y al cabo la sociedad les está financiando. Por su comportamiento, y por el orden de importancia que le dan a los temas con los que diariamente tienen que tratar, da la impresión que el objetivo último que siguen nuestros congresistas es el de hacerse ricos y poder sostener un elevado nivel de vida, en cambio de en realidad cumplir su función de ser representantes de toda la sociedad y proponer normas que mejoren su calidad de vida.

Por eso creo que se debe ajustar el salario y los beneficios que se les otorga, de tal forma que se pueda asegurar que asumen su cargo más por su deseo de contribuir al país que por el dinero. El congresista que en realidad quiera aportar a la sociedad no debe requerir un salario alto, y el que busca ‘taparse en plata’ no se lanzará a un puesto que económicamente no le saldrá atractivo. Obvio, entiendo que en varios casos los congresistas son personas muy reconocidas en el ámbito profesional, por lo que el tiempo que dedican a legislar les implica un costo de oportunidad por no ejercer su profesión en el sector privado, pero se debe buscar asignar salarios que cubran tal diferencia y además garantizar el compromiso ciudadano de estas personas.

De tal manera, se garantizará que las personas que ocupen estos cargos realmente tengan vocación por lo que hacen, cumplan de una mejor manera su función y al mismo tiempo se ahorrarán importantes dineros públicos que se pueden destinar a cubrir otras necesidades más urgentes y más relevantes para nuestro país.

 

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