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19 de Diciembre de 1971

Hay quienes dicen que el clásico de la ciudad de Rosario es el más apasionante de la Argentina. Todavía más que un Boca – River. Por un lado, Rosario Central, el canalla, vestido de amarillo y azul y haciendo de local en Arroyito; por el otro, Newell’s Old Boys, el leproso, vestido de rojo y negro y local en Parque Independencia.

Una curiosidad: Alguna vez ámbos equipos acordaron jugar un partido a beneficio de una clínica que atendía personas que sufrían de lepra. Al final Central se arrepintió, por lo que se ganaron el ‘mote’ de canallas, mientras que Newell’s, que sí atendió el compromiso, se ganó para la posteridad el de leprosos.

Y el contexto: Central y Newell’s jugaban un semifinal de un torneo argentino en cancha neutra, quedando seleccionado el estadio Antonio Vespusio Liberti, más conocido como el Monumental, donde River Plate juega de local, en la ciudad de Buenos Aires. Una ciudad (Rosario) hecha una caldera y un partido que de entrada se postulaba para ser histórico. El Negro Fontanarrosa, prolífico escritor hincha de Central plasma sus sentimientos alrededor de aquel encuentro en este maravillo cuento, titulado “19 de Diciembre de 1.971”. El fútbol son sólo 22 atletas corriendo detrás de una pelota de cuero, pero cuánta poesía que cabe ahí….

Desde ya aclaro que el cuento lo tomé de la página http://www.momarandu.com/amanoticias.php?a=3&b=0&c=69017. En plena efervecencia futbolera por la aparición del magno vídeo del Tano Pasman y su reacción por el descenso de River, este cuento (y el vídeo también) muestran lo que es el fútbol en realidad, y la pasión que generan. Ésta es la esencia misma del fútbol, no aquellos hamponcitos que van a la cancha a hacerse los pístolas…

“Sí yo sé que ahora hay quienes dicen que fuimos unos hijos de puta por lo que hicimos con el viejo Casale, yo sé. Nunca falta gente así. Pero ahora es fácil decirlo, ahora es fácil. Pero había que estar esos días en Rosario para entender el fato, mi viejo, que hablar al pedo ahora habla cualquiera.

“Yo no sé si vos te acordás lo que era Rosario en esos días anteriores al partido. ¡Y qué te digo “esos días”! ¡Desde semanas antes ya se venía hablando, del partido y la ciudad era una caldera, porque eso era lo que era la ciudad! Claro, los que ahora hablan son esos turros que después vos los veías por la calle gritando y saltando como unos desgraciados, festejando en pedo a los gritos y después ahora te salen con que son… ¿qué son?… moralistas… ¿De qué se la tiran, hijos de mil putas? Ahora son todos piolas, es muy fácil hablar. Pero si vos vieras lo que era la ciudad en esos días, hermano, prendías un fósforo y volaba todo a la mierda. No se hablaba de otra cosa en los boliches, en la calle, en cualquier parte. Saltaban chispas, te aseguro. Y la cosa arrancó con el fato de las cábalas. O mejor dicho, de los maleficios.

“Hay que entender que no era un partido cualquiera, hermano, era una final final. Porque si bien era una semifinal, el que ganaba después venía a jugar a Rosario y le rompía el culo a cualquiera. Fuera Central como Ñul, acá le hacía la fiesta a cualquiera. ¡Y cómo estaban los lepra! ¡Eso, eso tendrían que acordarse ahora los que hablan al reverendo pedo y nos vienen a romper las pelotas con el asunto del viejo Casale! ¿No se acuerdan esos turros cómo estaban los lepra? ¿No se acuerdan ahora, mi viejo? Había que aguantarlos porque se corrían una fija, pero una fija se corrían, hermano, que hasta creo que se pensaban que nos iban a llenar la canasta. No que sólo nos iban a hacer la colita sino que además nos iban a meter cinco, en el Monumental y para latelevisión. ¡Pero por qué no se van a la concha de su madre! ¡Qué mierda nos van a hacer cinco esos culosroto! ¡Así se la comieron doblada! ¡Qué pija que tienen desde ese día y no se la pueden sacar! Pero la verdad, la verdad, hermano, con una mano en el corazón, que tenían un equipazo, pero un equipazo, de padre y señor mío.

“Hay que reconocerlo. Porque jugaban que daba gusto, el buen toque y te abrochaban bien abrochado. Estaba Zanabria, el Marito Zanabria; el Mono Obberti ¡Dios querido, el Mono Obberti, qué jugador! Silva el que era de Lanús, el albañil. ¡Montes! Montes de cinco; Santamaría el Cucurucho Santamaría, qué sé yo, era un equipazo, un equipazo hay que reconocer, y la lepra se corría una fija. ¿Sabés cuántos había en la ruta a Buenos Aires, el día del partido? Yo no sé, eran miles, millones, yo no sé de dónde habían salido tantos leprosos. Si son cuatro locos y de golpe, para ese partido, aparecieron como hormigas los desgraciados. Todos fueron. ¡Lo que era esa ruta, papito querido! Entonces, oíme, había que recurrir a cualquier cosa. Hay partidos que no podés perder, tenés que ganar o ganar. No hay tutía. Entonces si a mí me decían que tenía que matar a mi vieja, que había que hacer cagar al presidente Kennedy, me daba lo mismo, hermano. Hay partidos que no se pueden perder. ¿Y qué? ¿Te vas a dejar basurear por estos soretes para que te refrieguen después la bandera por la jeta toda la vida? No, mi viejo. Entonces, ahí hay que recurrir a cualquier cosa. Es como cuando tenés un pariente enfermo ¿viste? tu vieja, por ejemplo, que por ahí sos capaz hasta de ir a la iglesia ¿viste? Y te digo, yo esa vez no fui a la iglesia, no fui a la iglesia porque te juro que no se me ocurrió, mirá vos, que si no… te aseguro que me confesaba y todo si servía para algo. Pero con los muchachos enganchamos con la cuestión de las brujerías, de la ruda macho, de enterrar un sapo detrás del arco de Fenoy, de tirar sal en la puerta de los jugadores de Ñubel y de todas esas cosas que siempre se habla. Por supuesto que todas las brujas del barrio ya estaban laburando en la cosa y había muñecos con camiseta de Ñubel clavados con alfileres, maldiciones pedidas por teléfono y hasta mi vieja que no manya mucho del asunto tenía un pañuelo atado desde hacía como diez días, de ésos de “Pilato, Pilato, si no gana Central en River no te desato”. Después la vieja decía que habíamos ganado por ella, pobre vieja, si hubiera sabido lo del viejo Casale, pero yo le decía que sí para no desilusionarla a la vieja.

“Pero todo el fato de la ruda macho y el sapo de atrás del arco eran, qué sé yo, cosas muy generales, ya había tipos que lo estaban haciendo y además, el partido era en el Monumental y no te vas a meter en la pista olímpica a enterrar un sapo porque vas en cana con treinta cadenas y no te saca ni Dios después, hermano. Entonces, me acuerdo que empezamos con la cosa de las cábalas personales. Porque me acuerdo que estábamos en el boliche de Pedro y veníamos hablando de eso. Entonces, por ejemplo, resolvimos que a Buenos Aires íbamos a ir en el auto del Dani porque era el auto con el que habíamos ido una vez a La Plata en un partido contra Estudiantes y que habíamos ganado dos a cero. Yo iba a llevar, por supuesto, el gorrito que venía llevando a la cancha todos los últimos partidos y no me había fallado nunca el gorrito. A ése lo iba a llevar, era un gorrito milagroso ése. El Coqui iba a ir con el reloj cambiando de lugar, o sea en la muñeca derecha y no en la izquierda, porque en un partido contra no sé quién se lo había cambiado en el medio tiempo porque íbamos perdiendo y con eso empatamos.o sea, todo el mundo repasó todas las cábalas posibles como para ir bien de bien y no dejar ningún detalle suelto. te digo más, estuvimos parados en la tribuna en el partido contra Atlanta para pararnos de la misma manera en el partido contra la lepra. El boludo de michi decía que él había estado detrás del Valija y el Miguelito porfiaba que el que había estado detrás del Valija era él. Mirá vos, hasta eso estudiamos antes del partido, para que veas cómo venía la mano en esos días. ¿Y sabés qué te lleva a eso, hermano, sabés qué te lleva a eso? El cagazo, hermano, el cagazo, el cagazo te lleva a hacer cualquier cosa, como lo que hicimos con el viejo Casale.

“Porque si llegábamos a perder, mamita querida, nos teníamos que ir de la ciudad, mi viejo, nos teníamos que refugiar en el extranjero, te juro, no podíamos volver nunca más acá. Íbamos a perecer esos refugiados camboyanos que se tomaron el piro en una balsa. Te juro que si perdíamos nosotros agarrábamos el “Ciudad de Rosario” y por acá, por el Paraná, nos teníamos que ir todos, millones de canallas, no sé, a Diamante, a Perú, a Cuzco, a la concha de su madre, pero acá no se iba a poder vivir nunca más con la cargada de los leprosos putos, mí viejo. Ya el Miguelito había dicho bien claro que él se la daba, que si perdíamos agarraba un bufo y se volaba la sabiola y te digo que el Miguelito es capaz de eso y mucho más porque es loco el Miguelito, así que había que creerle. O hacerse puto, no sé quién había comentado la posibilidad de hacerse trolo y a otra cosa mariposa, darle a las plumas y salir vestido de loca por Pellegrini y no volver nunca más a la casa. Pero, te digo, nadie quería ni siquiera sentir hablar de esa Posibilidad. Ni se nombraba la palabra “derrota”. Era como cuando se habla del cáncer, hermano. Vos ves que por ahí te dicen “la papa”, o “tiene otra cosa”, “algo malo”, pero el cangrejo, mi viejo, no te lo nombra nadie. Y ahí fue cuando sale a relucir lo del viejo Casale. El viejo Casale era el viejo del Cabezón Casale, un pibe que siempre venía al boliche y que durante años vino a la cancha con nosotros pero que ya para ese entonces se había ido a vivir al norte, a Salta creo, lo vi hace poco por acá, que estaba de paso. Y ahí fue que nos acordamos de que un día, en la casa del Cabezón, el viejo había dicho que él nunca, pero nunca, lo había visto perder a Central contra Ñul. Me acuerdo que nos había impresionado porque ese tipo era un privilegiado del destino. Aunque al principio vos te preguntas, “¿Cómo carajo hizo este tipo pata no verlo perder nunca a Central contra Ñul? ¿Qué mierda hizo? Este coso no va nunca a la cancha”. Porque, oíme alguna vez lo tuviste que ver perder, a menos que no vayás a. los clásicos. Y ojo que yo conozco muchos así, que se borran bien borrados de los clásicos. O que van en Arroyito, pero que a la cancha del Parque no van en la puta vida. Y me acuerdo que le preguntarlos eso al viejo y el viejo nos dijo que no, y nos explicó. El iba siempre, un fana de Central que ni te cuento, pero se había dado, qué sé yo, una serie de casualidades que hicieron que en un montón de partidos con Ñul él no pudiera ir por un montón de causas que ni me acuerdo. Que estaba de viaje por Misiones —el viejo era comisionista—; que ese día se había torcido un tobillo y no podía caminar, que estaba engripado, que le dolía un huevo, qué sé yo, en fin, la verdad, hermano— que el viejo la posta posta era que nunca le había tocado ver un partido en que la lepra nos hubiera roto el orto. Era un privilegiado el viejo y además, un talismán, querido, porque así como hay tipos mufa que te hacen perder partidos adonde vayan, hay otros que si vos los llevás es número puesto que tu equipo gana. No es joda. Y el viejo Casale era uno de éstos, de los ojetudos.

Entonces ahí nos dijimos “Este viejo tiene que estar en el Monumental contra Ñubel. No puede ser de otra forma. Tiene que estar”… Claro, dijimos, seguro que va a estar, si es fana de Central, canalla a muerte. Pero nos agarró como la duda viste? porque nosotros no era que lo veíamos todos los días al viejo, te digo más, desde que el Cabezón se había ido al norte a laburar, al viejo de él no lo habíamos vuelto a ver ni en la cancha, ni en la calle ni en ninguna parte. Además, el viejo ya estaba bastante veterano porque debía tener como ochenta pirulos por ese entonces. Bah, en realidad ochenta no, pero sus sesenta, sesenta y cinco años los tenía por debajo de las patas.

Entonces, con el Valija, el Colorado y el Miguelito decimos “vamos a la casa del viejo a asegurarnos que va y si no va lo llevamos atado”. Porque también podía ser que el viejo no fuera porque no tuviera guita, qué sé yo. Nosotros ya habíamos pensado en hacer una rifa a beneficio, una kermesse, cualquier cosa. El viejo tenía que ir, era una bandera, un cheque al portador.

La cuestión es que vamos a la casa y… ¿a qué no sabés con lo que nos sale el viejo? Que andaba mal del bobo y que el médico le había prohibido terminantemente ir a la cancha, mirá vos. Nos sale con eso. Que no. Que había tenido un infarto en no sé qué partido, en un partido de mierda después que una pelota pegó en un palo, que había estado muerto como media hora y lo habían salvado entre los indios con respiración artificial y masajes en el cuore, que no había clavado la guampa de puro pedo y que le había quedado tal cagazo que no había vuelto a ir a la cancha desde hacía ya, mirá lo que te digo, dos años. ¡Hacía dos años que no iba a la cancha el viejo ese! Y no era sólo que él no quería ir sino que el médico y, por supuesto, la familia, le tenían terminantemente prohibido ir, lógicamente. No sé si no le prohibían incluso escuchar los partidos por radio, no sé si no se lo prohibían, para que no le pateara el bobo, porque parece que el viejo escuchaba un pedo demasiado fuerte y se moría, tan jodido andaba. Vos le hacías ¡Uh! en la cara y el viejo partía. ¡Para qué! Te imaginás nosotros, la desesperación, porque eso era como un presagio, un anuncio del infierno, hermano, era un preanuncio de que nos iban a hacer cagar en Buenos Aires, mi viejo. Entonces empezamos a tratar de hacerle la croqueta al viejo, a convencerlo, a decirle “Pero mire, don Casale, usted tiene que estar, es una cita de honor. ¡Qué va a estar mal usted del cuore, si se lo ve cero kilómetro! Vamos, don Casale —me acuerdo que lo jodía Miguelito— ¿cuántos polvos se echa por día? usted está hecho un toro”. Pero el viejo, ni mierda, en la suya. Que no y que no. Le decíamos que el partido iba a ser una joda, que Ñubel tenía un equipo de mierda y que ya a los quince minutos íbamos a estar tres a cero arriba, que el partido era una mera formalidad, que el gobierno ya había decidido que tenía que ganar Central para hacer feliz a mayor cantidad de gente. No sé, no sé la cantidad de boludeces que le dijimos al viejo para convencerlo. Pero el viejo nada, una piedra el hijo de puta. Para colmo ya habían empezado a rondar la mujer del viejo, madre del Cabezón, y una hermana del Cabezón, que querían saber qué carajo queríamos decirle nosotros al vicio en esa reunión, porque medio que ya se sospechaban que nosotros no íbamos para nada bueno. En resumen que el viejo nos dijo que no, que ni loco, que ni siquiera sabía si iba a poder resistir la tensión de saber que se jugaba el partido, aun sin escucharlo. Porque el viejo los diarios los leía, tan boludo no era, y sabía cómo venía la mano, cómo era la cosa, cómo formaban los equipos, suplentes, historial, antecedentes, chaquetillas, color, todo. Nos dijo más. “Ese día —nos dijo— bien temprano, antes de que empiecen a pasar los camiones y los ómnibus con la gente yendo para Buenos Aires, yo me voy a la quinta de un hermano mío que vive en Villa Diego”. No quería escuchar ni los bocinazos el viejo. “Me voy tempranito a lo de mi hermano, que a mi hermano le importa un sorete el fútbol, y me paso el día ahí, sin escuchar radio ni nada”. Porque el viejo decía y tenla razón, que si se quedaba en la casa, por más que se encerrara en un ropero, algo iba a oír, algún grito, algún gol, alguna cosa iba a oír, pobre desgraciado, y se iba a quedar ahí mismo seco en el lugar. Así que se iba a ir a radicar en la quinta de ese hermano que tenía, para borrarse del asunto.

“Muy bien, muy bien. Te digo que salimos de allí hechos bosta porque veíamos que la cosa venía muy mal. Casi era ya un dato seguro como para decir que éramos boleta. Para colmo, al Valija, el día anterior le había caído una tía del campo y él se acordaba que, en un partido que perdimos con San Lorenzo, esa misma tía le había venido el día antes. Era un presagio funesto el de la tía. Fue cuando decidimos lo del secuestro. Nos fuimos al boliche y esa noche lo charlamos muy seriamente. El Dani decía que no, que era una barbaridad, que el viejo se nos iba a morir en el viaje, o en la cancha, y después se iba a armar un quilombo que íbamos a terminar todos en cana y que, además, eso sería casi un asesinato. Pero al Dani mucha bola no le dimos porque ha sido siempre un exagerado y más que un exagerado, medio cagón el Dani. Pero nosotros estábamos bien decididos y más que nada por una cosa que dijo el Valija: el viejo estaba diez puntos. Había tenido un infarto, es cierto. Pero hay miles de tipos que han tenido un infarto y vos los ves caminando tranquilamente por la yeca y sin hacer tanto quilombo como este viejo pelotudo, con eso de meterse adentro de un ropero, o no ir a la cancha, o dejar que te rigoree la familia como la esposa y la otra, la hermana del Cabezón. Por otra parte, y vos lo sabés, los médicos son unos turros pero unos turros que se ve que lo querían hacer durar al viejo mil años para sacarle guita, hacerle experimentos y chuparle la sangre. Y además, como decía el Miguelito y eso era cierto, vos lo veías al viejo y estaba fenómeno. Con casi sesenta afios no te digo que parecía un pendejo pero andaba lo más bien. Caminaba, hablaba, se sentaba, qué sé yo, se movía. ¡Chupaba! Porque a nosotros nos convidó con Cinzano y el viejo se mandó su medidita, no te digo un vasazo pero su medidita se mandó. La cosa es que el Miguelito elaboró una teoría que te digo, aún hoy, no me parece descabellada. ¡El viejo era un curro, hermano! Un turrazo que especulaba con el fato del bobo para pasarla bien y no laburarla nunca más en la vida de Dios. Con el sover del bobo no ponía el lomo, lo atendían a cuerpo de rey y —la tenía a la vieja y a la hermana del Cabezón pendientes de él —viviendo como un bacan, el viejo. Y… ¿de qué se privaba? De algún faso; que no sé si no fasearía escondido; y de no ir a—la cancha. Fijate vos, eso era todo. Y vivía como Carolina de Mónaco el otario. Bueno, con ese argumento y lo que dijo el Colorado se resolvió todo.

“El Colorado nos habló de los grandes ideales, de nuestra misión frente a la sociedad, de nuestro deber frente a las generaciones posteriores, los pendejos. Nos dijo que si ese partido se perdía, miles y miles de pendejos iban a sufrir las consecuencias. Que, para nosotros y eso era verdad, iba a ser muy duro, pero que nosotros ya estábamos jugados, que habíamos tenido lo nuestro y que, de últimas, teníamos experiencias en malos ratos y fulerías. Pero los pibes, los pendejitos de Central, ésos, iban a tener de por vida una marca en sus vidas que los iba a marcar para siempre, como un fierro caliente. Que las cargadas que iban a recibir esos pibes, esas criaturas, en la escuela, los iban a destrozar, les iban a pudrir el bocho para siempre, iban a ser una o dos generaciones de tipos hechos bolsa, disminuidos ante los leprosos, temerosos de salir a la calle o mostrarse en público. Y eso es verdad, hermano, porque yo me acuerdo lo que eran las cargadas en la escuela primaria, sobre todo.

“Yo me acuerdo cuándo perdimos cinco a tres con la lepra en el Parque después de ir ganando dos a cero, cuando se vendió el Colorado Bertoldi, que todavía se estará gastando la guita, y te juro que yo por una semana no me pude levantar de la cama porque no me atrevía a ir a la escuela para no bancarme la cargada de los lepra. Los pibes son muy hijos de puta para la cargada, son muy crueles. ¿No viste cómo descuartizan bichos, que agarran una langosta y le sacan todas las patas? Son unos hijos de puta los pibes en ese sentido. Y lo que decía el Colorado era verdad. Ahora todo el mundo habla de la deuda externa, y bueno, hermano, eso era algo así como lo de la deuda externa, que por la cagada de cuatro reverendos hijos de puta que empeñaron el país, la tenemos que pagar todos y los hijos y los hijos de nuestros hijos. Y si estaba en nosotros hacer algo para que eso no pasara, había que hacerlo, mi querido. Además, como decía el Colorado, ya no era el problema de la cargada de los pendejos futbolistas, está también el fato del exitismo. Los pibes ven que gana un equipo y se hacen hinchas de ese equipo, son así, casquivanos. Son hinchas del campeón. Entonces, ponele que hubiese ganado Ñubel y… ¡a la mierda! … de ahí en más todos los pibes se hacían de Ñubel, ponele la firma. Y no te vale de nada llevarlos a la cancha, conversarlos, hablarles del Gitano Juárez o el Flaco Menotti, ni comprarles la camiseta de Central apenas nacen. No te vale de nada. Los pendejos ven que sale River campeón y son de River. Son así. Y en ese momento no era como ahora que, mal que mal, vos los llevás al Gigante y los pibes se caen de culo. Entonces, cuando van al chiquero del Parque, por mejor equipo que pueda tener Ñul, los pibes piensan “Yo no puedo ser hincha de esta villa miseria” y se hacen de Central. Porque todo entra por los ojos y vos ves que ahora los pibes por ahí ni siquiera han visto jugar a Central o a Ñul y ya se hacen hinchas de Central por el estadio. Es otra época, los pendejos son más materialistas, yo no sé si es la televisión o qué, pero la cosa es que se van de boca con los edificios.

“Entonces la cosa estaba clara, había que secuestrar al viejo Casale, o sino aguantarse que quince, veinte años depués, hoy por ejemplo, la ciudad estuviese llena de lepra sos nacidos después de ese partido, y esto hoy ¿sabés lo que sería? Beirut sería un poroto al lado de esto, hermano te juro.

“El que organizó la “Operación Eichmann”, como lo llamamos, fue el Colorado. La llamamos así por ese general aleman, el torturador, que se chorearon de acá una vez los judíos ¿viste? y lo nuestro era más o menos lo mismo. El Colorado es un tipo muy cerebral, que le carbura muy bien el bocho y él organizó todo. El Colorado ya no estaba par ese entonces en la O.C.A.L.. La O.C.A.L., no sé si sabés es una organización de acá, de Rosario, que se llama así porque son iniciales, O.C.A.L “Organización Canalla Anti Lepra”. Son un grupo de ñatos como el Ku-Klux-Klan, más o menos, que se reúnen en reuniones secretas y no sé si no van con capucha y todo a las reuniones, o si queman algún leproso vivo en cada reunión. Mirá yo no sé si es requisito indispensable ser hincha de Central, pero seguro seguro, lo que tenés que hacer es odiar a los lepra. Tenés que odiar más a los lepra que lo que querés a Central. Hacen reuniones, escriben el libro de actas, piensar maldades contra los lepra, festejan fechas patrias de partidos que les hemos ganado, tienen himnos, son como esos tipos los masones esos, que nadie sabe quiénes son. Andan con antorchas. Bueno, de la O.C.A.L., de la O.C.A.L. al Colorado lo echaron por fanático, con eso te digo todo pero es un bocho el Colorado y él fue el que organizó todo el operativo.

“Y te la cuento porque es linda, te la cuento porque es linda, no sé si un día de estos no aparece en el “Selecciones” y todo. Averiguamos qué ómnibus iba para Villa Diego, adonde tenía la quinta el hermano del viejo Casale. Desde donde vivía el viejo, ahí por San Juan al mil cuatro cientos, lo único que lo dejaba en ese entonces, si mal no recuerdo, era el 305 que pasaba por la calle San Luis. O sea que el viejo tenía que tomarlo en San Luis-Paraguay o San Luis-Corrientes, no más allá de eso a menos que fuera muy pelotudo y lo fuera a tomar a Bulevar Oroño que no sé para qué mierda iba a hacer eso. Ahora, la duda era si el viejo se iba a ir en ómnibus o en auto, porque si se iba en auto nos recagaba, pero nos jugábamos a que se iba a ir en ómnibus porque auto no tenía y seguro que el hermano tampoco tenía porque debía ser un muerto de hambre como él, seguramente. Y te digo que la cosa venía perfecta, porque el viejo nos había dicho que iba a salir bien temprano para no infartarse con las bocinas o sea que nosotros podíamos combinarlo con el horario de salida nuestra para el partido. Porque también nos cagaba si salía a la una de la tarde para Villa Diego porque después ¿cómo llegábamos nosotros a Buenos Aires para la hora del partido con el quilombo que era la ruta y en un ómnibus de línea? Lo más probable es que nos hiciéramos pelota en el camino por ir a los pedos. Y por otra parte, hermano, Villa Diego queda saliendo para Buenos Aires o sea que la cosa estaba clavada, era posta posta.

“Después hubo que hablar con los otros muchachos, porque convencer al Rulo no nos costó nada, a él le daba lo mismo y, además, le contamos los entretelones del asunto. Te digo que el Colora manejó la cosa como un capo, un maestro. El asunto era así, el Rulo es un fana amigo de Central que tiene un par de ómnibus, está muy bien el Rulo. Y en esa época tenía un par de coches en la línea 305. Fue un ojete así de grande, porque si no teníamos que conseguir otro coche, cambiarle el color, pintarlo, qué sé yo, ponerle el número, un laburo bárbaro. Pero el Rulo tenía dos 305 y con uno de ésos ya tenía pensado pirarse para el Monumental el día del partido y más bien que se llevaba como mil monos que también iban para allá. Lo sacaba de servicio y que se fueran todos a la reputísima madre que los parió, no iba a perderse el partido ese.

“Entonces, el Rulo, con los monos arriba Y nosotros, tenía que estar con el ómnibus preparado, el motor en marcha, por España, estacionado. Y el Miguelito se ponía de guardia, tomando un café, justo en un boliche de ahí cerca desde donde veían la puerta de la casa del viejo Casale. Creo que a las cinco, nomás, de la matina, ya estaba el Miguelito apostado en el boliche haciéndose el boludo y junando para la casa del viejo. Te juro que ni los tupamaros hubieran hecho un operativo como ése, hermano. Fue una maravilla.

“Apenas vio que salía el viejo con una canastita donde seguro se llevaba algún matambre casero, algo de eso, el pobre viejo, el Miguelito cazó una Vespa que tenía en ese entonces, dio la vuelta a la manzana y nos avisó. Cargó la moto en el ómnibus, en la parte de atrás, detrás de los últimos asientos y nos pusimos en marcha. Ya les habíamos dicho a tres o cuatro pendejos, de esos quilomberos de la barra, que se hicieran bien los sotas, que no dijeran ni media palabra y se hicieran los que apoliyaban. Nosotros también, para que no nos reconociera el viejo, estábamos en los asientos traseros, haciéndonos los dormido, incluso con la cara tapada con algún pulover, como si nos jodiera la luz, o con algún piloto. Te digo que el día había amanecido frío y lluvioso, como la otra fecha patria, el 25 de Mayo. Además, el quilombo había sido guardar y esconder todas las banderas, las cornetas, las bolsas con papelitos, los termos, todo eso. Uno de los muchachos llevaba una bandera de la gran puta que medía 52 metros ¡52 metros, loco! Media cuadra de bandera que decía “Empalme Graneros presente” y tuvimos que meterla debajo de un asiento para que el. viejardo no la vichara. La cosa es que el viejo subió medio dormido y se sentó en uno de los asientos de adelante que ya habíamos dejado libre a propósito para que no viera mucho del ómnibus. Rulo le cobró boleto y todo. Y nadie se hablaba como si no nos conociéramos. Y como el ómnibus iba haciendo el recorrido normal, el viejo iba lo más piola, mirando por la ventanilla. La cuestión es que llegamos a Villa Diego y el viejo tranquilo. Cada tanto, cuando nos pasaba algún auto con banderas en el techo, tocando bocina, el viejo miraba a los que tenía cerca y movía la cabeza como diciendo “¡Mirá vos!”.

“Se ve que tenía unas ganas de hablar pero nadie quería darle mucha bola para no pisarse en una de ésas. Así que nos hacíamos todos los dormidos. Parecía que habían tirado un gas adentro de ese ómnibus hermano. Como cuando se muere algún ñato ¿viste? que se queda a apoliyar en el auto con el motor prendido y lo hace cagar el monóxido de carbono, creo. Bueno, así parecía que a nosotros nos había agarrado el monóxido de carbono. Pero, cuando llegamos a Villa Diego, por ahí el viejo se levanta y le dice al Rulo “En la esquina, jefe.”. Y yo no sé qué le dijo el Rulo, algo de que ahí no se podía parar, que estaba cerrado el tráfico, que había que seguir un poco más adelante y el viejo se la comió, pero se quedó paradito al lado de la puerta. Al rato, por supuesto, de nuevo el viejo, “En la esquina”. Ahí ya el Rulo nos miró, porque se le habían acabado los versos. Y ahí, hermano… ¡vos no sabés lo que fue eso! Fue como si nos hubiésemos puesto todos de acuerdo y te juro que ni siquiera lo habíamos hablado. Empezaron los muchachos a desplegar las banderas, a sacar las cornetas y las banderas por la ventana, y a los gritos, hermano, “¡Soy canalla, soy canalla!” por las ventanas.

“Pero no para el lado del viejo, el pobre viejo, que la cara que puso no te la puedo describir con palabras, sino para afuera, porque los grones, con lo quilomberos que son, se habían ido aguantando hasta ahí sin gritar ni armar quilombo para no deschavarse con el viejo, pero cuando llegó el momento agarraron las banderas, empezaron a sacar los brazos y golpear las chapas del costado del ómnibus y también el Rulo empezó a seguir el ritmo con la bocina.

“¿Viste esas películas de cowboy, cuando los choros van a asaltar una carreta donde parece que no hay nadie, o que la maneja nada más que un par de jovatos y de golpe se abren los costados y aparecen 17.000 soldados que los cagan a tiros? ¿Que levantan la lona y estaban todos adentro haciéndose los sotas? Bueno, ese ómnibus debió ser algo así. De golpe se transfonnó en un quilombo, un escándalo, una de gritos, de bocinazos, cornetas, una joda. ¡Y la gente al lado de la ruta! Porque desde la madrugada ya había gente a los costados de la ruta esperando que pasaran las caravanas de hinchas. Era para llorar, eso, conmovedor, te saludaban, gritaban, levantaban los puños, por ahí algún lepra, a las perdidas, te tiraba un cascotazo… Pero vuelvo al viejo, el viejo, no sabés la caripela que puso. Porque nosotros lo estábamos mirando porque decíamos: éste es el momento crucial. Ahí el viejo o cagaba la fruta, el corazón se le hacía bosta, o salía adelante. El viejo miraba para atrás, a todos los monos que saltaban y cantaban y no lo podía creer. Se volvió a sentar y creo que hasta San Nicolás no volvió a articular palabra. Te digo que el Rábano, el hijo de la Nancy ya se había ofrecido a hacerle respiración boca a boca llegado el caso, que era algo a lo que todos, mal que mal, le habíamos esquivado el bulto porque, qué sé yo, te da un poco de asco, además con un viejo. Pero mirá, te la hago corta. Mirá, cuando el viejo ya vio que no había arreglo, que no había posibilidad de que lo dejáramos bajar del ómnibus, se entregó, pero se entregó entregó. Porque, al principio, nosotros nos acercamos y nos reputeó, nos dijo que éramos unos irresponsables, unos asesinos, que no teníamos conciencia, que era una,verguenza, qué sé yo todo lo que nos dijo. Pero después, cuando nosotros le dijimos que él estaba perfecto, que estaba hecho un toro, que si se había bancado la sorpresa del ómnibus quería decir que ese cuore se podía bancar cualquier cosa, empezó a tranquilizarse. El Colorado llegó a decirle que todo era una maniobra nuestra para demostrarle que él estaba perfectamente sano y que incluso el médico estaba implicado en la cosa.

“Mirá hermano, y creéme porque es la pura verdad ¿qué intención puedo tener en mentirte, hoy por hoy? mucho antes ya de entrar en Buenos Aires ese viejo era el más feliz de los mortales, te lo digo yo y te lo juro por la salud de mis lujos. El viejo cantaba, puteaba, chupaba mate, comía facturas, gritaba por la ventana y a la cancha se bajó envuelto en una bandera. No había, en la hinchada, un tipo más feliz que él. Vino con nosotros a la popu y se bancó toda la espera del partido, que fue más larga que la puta que lo parió y después se bancó el partido. Estaba verde, eso si, y había momentos en que parecía que vos lo pinchabas con un alfiler y reventaba como un sapo, porque yo lo relojeaba a cada momento. Y después del gol del Aldo, yo lo busqué, lo busqué porque fue tal el quilombo y el desparramo cuando el Aldo la mandó adentro que yo ni sé por dónde fuimos a caer entre las avalanchas y los abrazos y los desmayos y esas cosas. Pero después miré para el lado del viejo y lo vi abrazado a un grandote en musculoso casi trepado arriba del grandote, llorando. Y ahí me dije: si éste no se murió aquí, no se muere más. Es inmortal. Y después ni me acordé más del viejo, que lo que alambramos, lo que cortamos clavos, los fierros que cortamos con el upite, hermano, ni te la cuento. Eso no se puede relatar, hermano, porque rezábamos, nos dábamos vueltas, había gente que se sentaba entre todo ese quilombo porque no quería ni mirar. Porque nos cagaron a pelotazos, ya el segundo tiempo era una cosa que la tenían siempre ellos y ¿sabés qué era lo fulero, lo terrible? ¡Qué si nos empataban nos ganaban, hermano, porque ésa es la justa! ¡Nos ganaban esos hijos de puta! ¡Nos empataban, íbamos a un suplementario y ahí nos iban a hacer refocilar el orto porque estaban más enteros y se venían como un malón los guachos! ¡Qué manera de alambrar! Decí que ese día, Dios querido, yo no sé que tenía el flaco Menuttl que sacó cualquier cosa, sacó todo, vos no quieras creer lo que sacó ese día ese flaco enclenque que parecía que se rompía a pedazos en cada centro. Le sacó un cabezazo de pique al suelo a Silva que lo vimos todos adentro, hermano, que era para ir todos en procesión y besarle el culo al flaco ése ¡qué pelota le sacó a Silva! Ahí nos infartamos todos, faltaban cinco minutos y si nos empataban, te repito, éramos boleta en el suplementario. Me acuerdo que miro para atrás y lo veo al viejo, blanco, pálido, con los ojos desencajados, pobrecito, pero vivo. Y ahora yo te digo, te digo y me gustaría que me contesten todos esos que ahora dicen que fue una hijaputez lo que hicimos con el viejo Casale ese día. Me gustaría que alguno de esos turritos me contestara si alguno de ellos lo vio como lo vi yo al viejo Casale cuando el referí dio por terminado el partido, hermano. Que alguno me diga si, de puta casualidad, lo vio al viejo Casale como lo vi yo cuando el referí dio por terminado el partido y la cancha era un infierno que no se puede describir en palabras. Te digo que me, gustaría que alguien me diga si alguien lo vio como lo vi yo. ¡La cara de felicidad de ese viejo, hermano, la locura de alegría en la cara de ese viejo! ¡Que alguien me diga si lo vio llorar abrazado a todos como lo vi llorar yo a ese viejo, que te puedo asegurar que ese día fue para ese viejo el día más feliz de su vida, pero lejos lejos el día más feliz de su vida, porque te juro que la alegría que tenía ese viejo era algo impresionante! Y cuando lo vi caerse al suelo como fulminado por un rayo, porque quedó seco el pobre viejo, un poco que todos pensamos; “¡qué importa!” ¡Qué más quería que morir así ese hombre! ¡Esa es la manera de morir para un canalla! ¿Iba a seguir viviendo? ¿Para qué? ¿Para vivir dos o tres años rasposos más, así como estaba viviendo, adentro de un ropero, basureado por la esposa y toda la familia? ¡Más vale morirse así, hermano! Se murió saltando, feliz, abrazado a los muchachos, al aire libre, con la alegría de haberle roto el orto a la lepra por el resto de los siglos! ¡Así se tenía que morir, que hasta lo envidio, hermano, te juro, lo envidio! ¡Porque si uno pudiera elegir la manera de morir, yo elijo ésa, hermano! Yo elijo ésa.

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De millonarios que caen / About millionaires who fall

Érase una vez una ciudad reconocida en el mundo entero por sus avances y por estar a la vanguardia. Con el trabajo de mucha gente se había convertido en una ciudad líder en su país y en su subcontinente, y el mundo empezaba a mirarla como un ejemplo a seguir. Sus habitantes empezaban a recuperar la confianza en ella, y casi que podían decir que vivir allí era un lujo.

Pero entonces llegaron malas administraciones. La ciudad se fue a pique, se volvió insegura, sucia, desagradable. Las mafias se adueñaron de varios áspectos de la ciudad, tuvieron y se aprovecharon de esa gran injerencia que ejercían. Habían periodistas y líderes de opinión que no quisieron decir nada, y los habitantes prefirieron mirar para otro lado.

La ciudad colapsó, y todo lo que se había logrado luego de tantos años de trabajo, sencillamente se perdió.

Y justo ayer, River descendió…

Once upon a time, it was a lovely city, with a great fame in the whole world thanks to its improvements. That city became into a benchmark in its country, its subcontinent, and the world started to see it as an example to follow. Its inhabitants, also, recovered the trust, and they could almost say, living in that city was a pleasure.

But then, bad management arrived. The city just fell down; it became into an unsafe, dangerous, dirty and disgusting city. The mafias got all the power in most of its issues; they had and took advantage of the influence they faced. There were journalist and opinion generators who didn’t say anything, and the habitants just prefered to see to the other side.

The city collapsed, and everything that was achieved with the hard work of a lot of people, just got lost.

And curiously yesterday, River Plate lost it category… 

 

Malta: Generalidades / General overview

Después que mi mamá me regaló de graduación un viaje a la Argentina, decidí que debía estudiar algo relacionado con negocios internacionales y principalmente me diera la oportunidad de viajar. Así que, cuando aproximadamente un año atrás empecé a considerar la opción de renunciar a mi trabajo, mi mamá me aconsejó estudiar inglés por todo lo que me puede servir para mi carrera y porque después sería más díficil encontrar el tiempo para hacer algo así. Finalmente me decidí y me preparé para viajar de nuevo, más por tener de nuevo una experiencia internacional (con todo el crecimiento personal que eso implica) que por el inglés.

Mi presupuesto era apenas el adecuado para un viaje de dos o tres meses, así que de entrada destinos conocidos por ofrecer cursos de idiomas como Australia, Nueva Zelanda o Sudafrica quedaron descartados; no valía hacer viajes tan largos para tan poco tiempo. Se presentaban entonces las opciones de Inglaterra y Estados Unidos, pero Inglaterra era demasiado costoso y Estados Unidos es un país que ya había visitado en dos oportunidades, y la idea, como dije anteriormente, era conocer nuevos países y culturas.

Asi fue que sin pensarlo, Malta ingresó en mi abanico de opciones. Yo sabía de la isla por una materia que ví en la universidad, pero teniendo en cuenta su ubicación justo al sur de Sicilia, creí, erronéamente, que hablaban italiano. Despues de leer Wikipedia investigar un rato, supe que Malta fue una colonia británica hasta 1.964 y que, dentro de las costumbres que quedaron, está el inglés (es uno de sus dos idiomas oficiales) y el manejo por el lado derecho. Con ésta información, y viendo los buenos costos de estudiar inglés en este país, contacté personalmente algunas escuelas de inglés y me decidí por la más económica.

Así fue que, luego de hacer el pago y de una estresante e intimidante entrevista en la Embajada de Austria (como Malta no tiene embajada en Colombia, sus asuntos son atendidos por la embajada austriaca), me encontré listo para este viaje que sin lugar a dudas es de las cosas más interesantes que me han ocurrido en la vida. Después de viajar durante 34 horas, llegué al Aeropuerto Internacional de Malta preguntándome qué sería de mí en esta nueva experiencia fuera del país.

He de decir, sin embargo, que mi primera impresión de Malta no fue muy buena. No sé si fue por el cansancio obvio después de semejante viaje, pero la isla se me hizo muy diferente a lo que yo me esperaba de un país europeo (era la primera vez que iba a ese continente). Después del tránsfer desde el aeropuerto al hotel, me dí cuenta que Sliema, la “ciudad” en la que viviría estaba muy bien ubicada y era bastante agradable. Pero, ya mirando en retrospectiva qué puedo decir? Únicamente que fue una experiencia perfecta que disfruté mucho y que tuvo muy buenos momentos.

A pesar de haber sido escogida por ser la más barata, mi escuela, IELS, resultó excelente: Económica, con buena infraestructura, moderna, bien ubicada y con profesores realmente comprometidos por ayudar a sus estudiantes a mejorar sus capacidades en el idioma. Malta es un país lleno de gente muy amable (aunque a veces ruda), con espectaculares paísajes y ciudades históricas como la misma Sliema, la capital La Valleta y Mdina. Además encontré que es un lugar económico, con un muy buen sistema de transporte local y con una vida nocturna realmente atractiva, concentrada principalmente en una zona conocida como Paceville que es tán exótica que hasta merece un post especial sólo para hablar de ella.

Ya después de casi cinco meses de haber vuelto, todavía recuerdo con algo de nostalgia absolutamente todo: Si estuviera allí iría a clase, llegando inintencionalmente un poco tarde a la primera lección de la mañana, aprendería y disfrutaría las clases hablando de todo tipo de temas con gente de todas partes del mundo y pediría vouchers de trago gratis para la noche. Al salir me comería un delicioso Club Wrap en La baguette y me iría a mi cuarto a dormir una siesta o trotaría al borde del Mar Mediterráneo. Y por la noche me iría a Paceville, a pasarla muy bien con mis amigos gastándome menos de 5 euros, llegando tipo 4 o 5 de la mañana de vuelta al hotel.

Pero lo mejor de toda la experiencia vivida en Malta fue tener la oportunidad de conocer gente de países tan exóticos (así como para ellos debió haber sido exótico conocer a alguien de Colombia) como Kazakhstan, Corea o Reunión, y compartir y comprender diferentes maneras de pensar y de vivir. Personalmente, pienso que ésa es la mejor manera de aprender y ayuda a estar preparado para desenvolverse en un mundo cada vez más globalizado.

Si bien en Colombia hay excelentes lugares en los que se puede estudiar inglés (como el British Council, el Centro colombo americano o Berlitz, por ejemplo) de manera más económica (teniendo en cuenta que el costo de estudiar afuera incluye el dinero que se deja de recibir por el parate laboral que implica), no cambiaria por nada esta experiencia magnífica. Realmente creo que vale la pena!

Since my mom gave me as my graduation present an one-week trip to Argentina, I decided: I would study some career related with international business, preferably including traveling. So, loosely one year ago, when I started to feel fed up with my job and, again, my mother suggested me to study English, I prepared myself to go abroad, more for the experience than for the English itself.

My budget was just enough  to travel for two or three months, and for that reason I didn’t consider destinations like Australia, New Zealand or South Africa. The flight time and cost are not worth for such a short time. So, I had just two obvious options to pick from: United States and England. The problem was that England is too expensive and in the other hand I had been in the States twice before, and as I said before, the idea of the trip was to experience by meeting new countries and cultures.

Suddenly, Malta came into my mind. As I had an “European Union” class in my university, I had known it was a tiny island located just south of Sicily, but, probably because of that I was wondering they speak Italian. After some Wikipedia investigation, I realized it was a British colony until 1.964, so they keep some British costumes, like the idiom and the left-side driving style. Without using an agency, I contacted some Maltese English schools and after some comparison I did my take for the cheapest one.

So, after the payment and a stressful interview at the Austrian Embassy (Malta doesn’t have an embassy here), I was ready for this trip that surely have been a milestone in my life. After a 34 hours long journey (just because I am very mean wanted to save my money) I arrived at Malta International Airport and wondered about the new experience that was just beginning by that time.

I have to say that my very first impression was not good at all. I don’t know if it was because my tiredness after that long flight or what else, but according to my first sight Malta seemed to be different of what I could expect from an European country (this was my first time in the continent). After a short transfer to my hotel, I realized I would live in the trendy and beautiful city of Sliema. But, after that, what would I say? Just that everything went perfect, I had such a nice time and enjoyed it as much as possible

Despite being one of the cheapest options, my school, IELS, was excellent: Very close to my hotel, with good infrastructure and principally, with really committed teachers who give their best for making their students improve their English level. Malta is a beautiful island, with really nice (sometimes rude, also) people, lot of amazing landscapes and small lovely cities, such Sliema, La Valleta or Mdina, just to write off some of them. Additionally, I find it as a economical place, with an efficient transportation system and an amazing night life in that crazy zone called Paceville, which deserve a post just to talk about it.

After loosely 5 months from my arrival, I’m still missing all that moments I lived there: I would be just five minutes late for the first lesson (“Colombian time”), enjoy the lessons and speaking with people from different cultures about all kind of topics. After class, I would eat a delicious “Club wrap” in La Baguette, and then take a nap or going jogging by the strand, just close to the Mediterranean sea. And in the night, oh, the night, I would go to Paceville, spending less than 5 euros but having a really good time with my friends from all around the world. Ohhh… how I miss that!!!

But, above all, the best thing of the whole Maltese experience was to have the chance to meet and share really good and unforgettable times with people from all around the world. I met people from exotic places (at least for me, as I’m sure for them was also crazy to meet somebody from Colombia), like Korea, Kazakhstan, Reunion, among others… That makes you to understand there are different ways of living and thinking, and helps to improve your acknowledge about the world and its habitants.

Even if in Colombia there are a lot of good places to study English (Like the British council or Berlitz, for example) that for sure are cheaper than the whole budget you must have for traveling abroad, I wouldn’t change this incredible experience for anything in the world. I do really thing it worth it!

All the pictures taken from Julia Dsyuba’s Facebook. All the credits to her

Doña Rosa.

Contrario a lo que su nombre podría sugerir, doña Rosa no es necesariamente una mujer. Doña Rosa puede ser tanto un hombre como una mujer, un usted, un yo… es en últimas una persona promedio de una sociedad como la colombiana, o como la latinoamericana también (aunque se puede encontrar en todo el mundo).

Una persona promedio que es féliz siéndolo, y que no se interesa por cambiarlo. No, esa persona es féliz leyendo ADN (ó La Razón, ó El argentino, para globalizarlo), viendo Caracol TV (ó Canal 7, por caso), y esperando por su ración diaria de pan y circo. Y, además, es feliz escuchando historias de gente que a diferencia de ella no quiere ser del promedio. Claro, al fin y al cabo esas historias son la base de sus argumentos, el “es que yo escuché…”, “a mí me contaron…” es manantial para sus conversaciones

Doña Rosa, entonces, nunca ha salido del país pero tiene claro que es mejor no decir que es colombiana cuando esté en el exterior. Tiene clarísimo que en Europa no se bañan y por eso huelen tan mal. Cree que cualquier TLC traerá pobreza para el país, sin enterarse siquiera que la ropa que lava le quedó tan limpia por usar su detergente Ariel, de Procter & Gamble.

Jamás ha ido a Argentina pero está segura que todos los argentinos son unos “agrandados”, se enorgullece de su país porque tiene los paisajes más verdes, se averguenza de su ciudad porque no tiene metro, mientras que todas las ciudades grandes del mundo sí. Obvio, el máximo contacto de Doña Rosa con algo semejante a un metro es el Tren de la Sábana, cuando estaba decorado con vistosos motivos de Nestlé.

Pero ojo, Doña Rosa no es exclusiva de Colombia o Latinoamerica. No, Doña Rosa, por ejemplo, es el gringo o el europeo que cuando uno le dice que es de Colombia, hace un cigarrillo imaginario con la mano y dice “drug??”; el que apoya a la distancia a Chávez “porque es el único que se le paró a los gringos”; el que se cree el cuento que la guerrilla lucha por los pobres y desamparados de Colombia. Es más, creo que todos en algún momento hemos sido Doña Rosa, al fin y al cabo no nos las podemos saber todas. Por ejemplo, yo soy medio Doña Rosa con Uribe, confieso. El lío de Doña Rosa, entonces, no es no saber de algo, sino opinar de lo que no sabe, y defenderlo sin argumentos. No se preocupa por ir más allá, sólo vive de lo que ve en la televisión basura, lo que oye o peor, de lo que le cuentan.

Hay que fomentar a las Doñas Rosas

Muchas veces el fondo de todo es que hay gente, con poder, a la que le interesan y se benefician de que existan Doñas Rosas por ahí. Si no no existiría el programa de Jota Mario ni Padres e Hijos hubiera durado tanto. Samuelito no hubiera llegado a la Alcaldía, y la gente no hubiera aplaudido cuando Ménem anunció las naves espaciales que iban a la estratósfera y en dos horas llevarían a los argentinos a Japón, Corea o cualquier parte del mundo

Qué se podrá hacer? Más educación? Unos medios de educación más responsables? ó será más bien que me estoy armando una tormenta en un vaso de agua??? Yo creo que es eso último…

PD: Dejo claro que el Doña Rosa y el doñarocismo es un concepto que leí por primera vez hace mucho tiempo en un blog argentino, y que se refiere a una perosna típica pero imaginaria. No me refiero a alguna Rosa en particular

Bienvenidos!! / Welcome

Cansado de encontrar el perfil en Facebook de algún tocayo centroaméricano al “Googlear” mi nombre, y deseoso de compartir mi conocimiento con el mundo (?), he decidido abrir este blog buscando exponer algunas opiniones personales acerca de diversos temas; nacionales, internacionales, deportivos y hasta más…

Bienvenidos!

Shattered about finding the Facebook profile of somebody from Central America who looked after my name when I Googled it, and also with the wish of sharing my huge knowledge with the whole world (?), I have decided to launch this blog trying to expose some personal opinions about diverse topics, including national and international issues, sports and so on

So, welcome everybody!