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Si nadie quiere trabajar en tu empresa, es porque estás haciendo algo mal

En el transcurso del fin de semana pasado, se supo que Gerardo Martino había rechazado por segunda vez el ofrecimiento para dirigir la selección colombiana de fútbol de mayores. Aunque se habla de Néstro Pekerman, diera la impresión que de nuevo se va la posibilidad de contar con un técnico de jerarquía para guíar a la Selección Colombia en su camino al mundial Brasil 2014.


No deja de ser llamativo que, luego de 14 años sin asistir a un mundial, esta sea apenas le segunda vez que se busca un técnico de relevancia a nivel internacional para dirigir a una selección que cuenta con el apoyo de varios de los grupos económicos más importantes del país, y en reiteradas ocasiones del mismo gobierno. Llamativo también que en ámbas ocasiones las ofertas hayan sido rechazadas.

En Twitter hoy leí una versión según la cual Martino no había aceptado porque la Federación impuso como condición conocer la lista de convocados antes que saliera publicada a los medios de comunicación. Ojo, no hay fuentes, no estoy diciendo que sea verdad. Es solo un rumor. Grave. No sería raro, pues se sabe muy bien el tipo de personas que manejan la federación, y en general el tema del fútbol en Colombia.

Toda la vida nos ha tocado ver convocatorias sospechosas de jugadores que no parecen reunir los méritos para ser convocados. Casualmente, pasa con técnicos que generalmente han sido nombrados de manera sorprendente y llamativa. Porque hágamos memoria y veremos que no han habido técnicos cuya designación sea apoyada unanimemente por la opinión pública. Nuestros tecnicos generalmente son personas cercanas a la Federación, que logran una buena campaña en el torneo local o trabajando con las selecciones juveniles y que por lo tanto pueden ser manejados con facilidad por la federación. Hoy Meluk en su columna del El Tiempo hablaba del susto que le daba que la federación se decidiera por algún técnico cuya experiencia internacional pueda ser su origen venezolano, un campeonato logrado en Perú o Bolivia o haber dirigido la siempre competitiva selección de Panamá. Me parece que ya están tratando de mover la corriente hacia las aguas más turbias (?). Esa película ya la hemos visto varias veces.

Lo que toda esta situación deja es que el hecho que técnicos de la trayectoria, experiencia y conocimientos de Marcelo Bielsa y Gerardo Martino hayan rechazado ofertas para dirigir la Selección Colombia habla a las claras de lo poco atractivo que es nuestro fútbol y nuestras instituciones deportivas como lugar para llevar a cabo un proyecto, pues desafortunadamente se caracterizan por la desorganización, la improvisación y los intereses ocultos que un técnico extranjero no está dispuesto a aguantar, a diferencia de los locales. La federación colombiana de fútbol no es un lugar atractivo para trabajar para un no-mediocre, y así será dificil que nuestro fútbol algún día progrese.

 

 

Gracias por el fútbol, maestros!

Alguien se ha leído los ‘Doce cuentos peregrinos’ de García Márquez? Me parece de los mejores libros de nóbel colombiano, del cual, personalmente, me gustan más estas obras cortas que los libros grandes, que casualmente son los que lo han hecho tan famoso y reconocido. Pero vuelvo a los 12 cuentos, y en especial a La Tramontana. Al final, a un jóven se lo quieren llevar a Cadaqués, un pueblo costero azotado por algo así como un huracán terrible llamado La Tramontana. El jóven es llevado por la fuerza de vuelta al pueblo, muy a pesar de su miedo, por lo cual se lanza a un abismo desde una camioneta en marcha, “tratando de escapar de una muerte ineluctable”. Toda esta introducción larga y sin sentido (?) para hablar del Fútbol Club Barcelona. O mejor, para hablar de lo que debe sentir el Real Madrid antes de jugar contra el Barcelona.

Porque ayer, como no había pasado hace mucho tiempo, el Madrid lo tenía todo para ganar: Un temporada perfecta, en la que ha venido jugando realmente bien, mientras su rival venía de una temporada irregular. Ojo, irregular en relación a lo que nos tiene acostumbrado. Para completar, gol en el primer minuto, gracias al regalo de Valdés. Y aún así, 1-3 en el Bernabeú, con un Barcelona que supo jugar de una manera excelente su partido, capaz sin los lujos que nos tiene acostumbrados, pero dando los puntillazos en los momentos justos. Momentos justos no por la suerte, como insinuó Mourinho en la rueda de prensa, sino justos porque los preparó, de una manera hasta macabra, si se me permite la palabra.

Llamativo como, en un momento en el que el Barca no lucía y aparecía un poco partido, Messi tomó el control de la situación y retrocedió un poco, sirviendo de manija, distribuyendo y juntando al equipo. Fíjense por ejemplo donde arranca él en la jugada del primer gol. No se esconde.

También, el manejo de Guardiola. Un verdadero estratega, que supo dar los golpes en los momentos juntos. Más aún, que sabe qué puede dar su equipo, y cómo aprovecharlo en el marco de un partido de tal calibre.

Finalmente, la magia del segundo tiempo del ‘oficinista’ Iniesta, que jugó de una forma sensacional. Uno no termina de entender a la distancia los chiflidos del ‘Coliseo de la Castellana’ hacía tan excelente jugador, que además les dio un título mundial apenas un año y monedas atrás. Para mí Messi es el mejor jugador que he visto en mis ya casi 25 años de vida, pero lo de Iniesta es para aplaudir de pie, al menos hasta que terminen la 26, acá en Bogotá.

El todo es que la sensación de Benzemá, Xabi Alonso, Kaká, Casillas, Sergio Ramos, Cristiano Ronaldo, Mourinho y el Real Madrid todo antes de jugar contra el Barcelona debe ser poco envidiable, como un final anunciado. Como una muerte completamente inevitable. Me los imagino en el vestuario antes de salir a jugar, deseando irse a la tribuna a ver el espectáculo que inexcusablemente se viene en camino.

Pocas veces un partido internacional me había llamado tanto la atención, y la verdad, no defraudó. Gracias por el fútbol FC Barcelona. Graciaspor el fútbol, maestros!

Messi nos calló la boca

Bastante expectativa había respecto al partido de hoy, válido por las eliminatorias al Mundial Brasil 2014. Expectativa generada por el muy mal arranque de Argentina en la competición y las dudas que había mostrado Colombia en su último juego luego de un muy buen comienzo en la altura de La Paz.

Las redes sociales reflejaron tal expectativa, que se catalizó, además, con dos hechos bastante llamativos como lo fueron la entrevista de un costeño que se consideraba fanático de Argentina y la realizada por La W a Lionel Messi. Estos acontecimientos generaron que en Twitter aparecieran dos hashtags relacionados: #CorronchoArgentino y #PreguntasParaMessi.

Con una actitud de nuevo rico que disfruta las desgracias del vecino, la red social se llenó de mensajes de burla hacia Messi, considerado el mejor futbolista del momento y uno de los mejores de la historia, por su regular actuación con la camiseta Argentina, en contraposición de lo que ocurre cada fin de semana con la del Barcelona. Ojo, hay que sumarle que Gustavo Bolivar, volante de recuperación de Colombia para el partido de hoy, abrió de más su boca diciendo que Messi era un ‘jugador normal’.

Entre otras cosas se decía que Messi no era capaz de hacer nada sin Xabi e Iniesta, supuestos verdaderos y únicos artífices del presente del cuadro catalán. Se lo acusaba de pecho frío, de mentira, y hasta se metrían con la sexualidad del jugador argentino. Pero claro, en la cancha fue diferente, y Messi, sin necesidad de jugar de la misma manera a como lo hace con el Barcelona, se convirtió en un factor desequilibrante para la remontada argentina en un partido que terminó 1-2.

Y mientras él ni se enteró de lo que se decía, nos dejó con la boca callada, sumando apenas 1 punto de 6 posibles en los dos últimos partidos por eliminatoria y haciendo cuentas, como si ya nos hubiéramos olvidado, para ver como arañar una clasificación al Mundial que de a poco se ve más lejana. Y así nos va…

 

27/09/2011: Wilder Medina, 1 año de sanción

Por reincidir en el consumo de sustancias prohibidas, el día de ayer el goleador del Deportes Tolima, quien estaba realizando una muy buena temporada, fue sancionado con un año de castigo en el que no podrá jugar al fútbol de manera profesional.

Recuerdo que cuando hace más o menos 7 meses el mismo Medina fue sancionado por la misma falta, la prensa y la opinión pública en general fue benévola y enfatizó en la importancia de tratar la enfermedad del jugador, apoyándolo en su parte humana más que deportiva. Aunque estoy de acuerdo en que lo ideal sería privilegiar su salud y su condición, creo que es totalmente justificada la sanción impuesta, la cual va acorde con la reglamentación existente.

La columna de Gabriel Meluk hoy en El Tiempo es clara, y muestra que antes la sanción está siendo bastante benévola con el jugador, pues la FIFA recomienda que en casos de reincidencia se apliquen 5 años. Y así debería ser, pues independientemente de todo lo que hay detrás de un comportamiento adictivo, el jugador ya sabía las penas a las que se exponía consumiendo de nuevo estas sustancias.

Por eso escuchar hoy al cada vez menos objetivo César Augusto Londoño en Radioactiva resaltando las cualidades humanas y las díficiles condiciones que tuvo que superar Medina, dando a entender que la sanción era injusta me pareció vergonzoso. Las leyes (o en este caso los reglamentos) son para cumplirlos, independientemente de la calidad humana de quien los viola. Si Medina ha ido en contra de los mismos se le debe castigar consecuentemente desde la parte deportiva, eso sí, tratando de brindarle el apoyo médico y psicológico necesario para que pueda superar esta terrible enfermedad.

 

 

08/09/2011: La fiesta – bazar de fin de año de la #Selección #Colombia

Llegaba fin de año, y Trucho Fredoya debia salir con algo. No había cogido una en todo el año, así que este era su momento. Por eso, arrumó muebles, computadores, tapetes y todo lo que estuviera en la oficina del cuarto piso de la 32 con 15. Antes, había mandado la invitación. Jugadores, periodistas, directores técnicos, directivos, todos debían asistir. Desde Madrid, Radiación Falcao se excusó de asistir, pues a él esas fiesticas corporativas no le gustaban mucho. Claro, su actitud no fue bien recibida por Trucho, quien solo comentó: “A éste no se lo invita más”

Finalmente llegó el día. Los de siempre se aparecieron primero, había que hacerse notar. Comecaña, el diestro López, el Trapi Piña, Crastell y llamativamente Maria Emma (?) llegaron temprano; todos tenían que saber que ellos debían ser los candidatos a ser el alma de la fiesta. Pero ninguno se dio cuenta, pues el resto llegó cinco horas más tarde, una después de la hora consignada en la invitación. Y empezó la fiesta, el gran evento, que como todo gran evento debía tener una gran inauguración. Y qué mejor para la ocasión que la presencia del presidente JuanMa, quien no pudo decir unas palabras porque el microfono no funcionó. Igual Trucho Fredoya y Ramón Jesús lo intentaron convencer de que se quedara, pero el presi solo atinó a decir: “Já, faltaba más”

Y ahí fue que llegó Roxanna Lingotedeoro, que preparó una comparsa para la ocasión: Piñatas en forma de Teletubbies, reyes momo, bailes del sanjuanero y demás cosas que generaron aplausos y lágrimas en Truchito, quien solo decía “Si ven, yo les dije que esta vieja la tenía clara!”, mientras Roxanna comentaba “Esto sí es lo mío”. Después empezaron a jartar y jartar, pues Beveria proveía todo tipo de cervezas a los concurrentes. Cervezas que eran repartidas por el barman del día, Pashow, quien aprovechaba para dar consejos a quien se lo pidiera.

La verdad es que todos pensaban que Pashow era un viejito gagá, pero igual había que invitarlo porque no había más. Además era un poco amigo de todos: Técnicos, jugadores, representantes… En una de esas se acercó Trolillo, quien tenía camuflado dentro de su nuevo vestido Alberto Vo 5 que le quedaba grande una garrafa de guarito. “Antioqueñito que es el más bueno”, decía. El hecho es que Trolillo le quería pedir consejo a Pashow, no se sabe acerca de qué, pues lo único que se escuchó fue un “Trolillo, beber es estar sobrio un poco”.

Todos la estaban pasando muy bien. Truchito y Trolillo jartaban y jartaban; Pashow contaba sus cuentos feliz; Cheque García se hacía unos pesitos pidiendo propina por servir chicharrones, patacones y papitas. Hasta Lionel estaba feliz porque, aunque lo mandaban a la tienda de la otra cuadra a hacer mandados, al menos era tenido en cuenta por Trucho. El que no la pasaba muy bien era Edward Larra, quien estaba tieso, como inmóvil. No lograba comunicarse con nadie, aunque cuando le preguntaban decía que era la mejor fiesta a la que había asistido, que nunca había visto al grupo tan compenetrado. El único lunar eran unos representantes lagartos que ofrecían señoritas de vida alegre a todo el mundo: Directores técnicos, dirigentes, etc. Pero en ese momento Trucho no estaba muy prendido, así que decía que no.

Llegó la hora del show central de la noche. U2 había escrito desde Irlanda diciendo que querían particiar en tan magno evento, para lo cual ofrecían tocar por menos de la mitad de lo que cobraban habitualmente. Sin embargo, Truchito no quiso gastar y prefierio buscar a un señor Delfín de Ecuador, pero de nuevo el precio no lo convenció. Finalmente, entonces, terminó contratando a Trabas y Conseca, que eran conocidos de la casa, lo cual era supuestamente muy bueno porque igual no había tiempo para ensayar antes del show. El show, obviamente, salió malisimo, y caldeó un poco los ánimos de los asistentes a la fiesta, quienes los bajaron a tomatasos. Por eso, el diestro López, Comecaña, Castrell y el Trapi Piña subieron al escenario a ‘apagar el incendio’. En esas, Truchito ya estaba borrachísimo, así que empezó a palmearse el regazo mientras llamaba a las niñas de vida alegre para que se sentara en sus piernas. “Vengan a donde su rey, mamitas ricas”, decía, al tiempo que Cheque se hacía agua la boca de pensar cuanto dinero le tocaría. Trolillo también estaba ‘tocadiscos’, haciendo escándalos aquí y allá mientras Pashow y Lionidas lo contenían.

Fue ahí que llegó el gerente de Beveria, que al ver la situación la caificó de insostenible, retirando toda la cerveza que había regalado, pero ofreciendo un interesante descuento en todas las cervezas que quisieran tomarse a partir de ese momento. Truchito, Ramón Jesús y Elvartiro Gonzalez Alzado, quien recién bajaba luego de estar con una de las niñas de ‘Cheque’, no le dieron importancia a eso: “Tampico ya se ofreció para patrocinarnos, y sí es necesario tener uniformes marca Mango’s o Sheffy, pues se tienen, qué se le va a hacer!”. Algunos jugadores mostraron su desacuerdo, pues esas marcas eran muy poco ‘plays’, pero se tranquilizaron cuando les ofrecieron mayores viáticos cuando jugaran con la Selección.

Ya era muy tarde cuando finalmente llegaron La Sal Hernandez Bennet y el Cantonto, quienes comentaron que venían de la casa de Tintín Junio, pues estaban entrevistando a su familia, preguntándoles por sus inicios. “Vos si sos huevón, ome: No ves que en la casa dije que estaba en un partido falopa contra la selección Filipinas que igual no iban a ver; pues si no no me dejan venir a esta fiesta. Ahora quién se va a aguantar a mi mujer!!!!” Trolillo se ofreció a mediar entre Tintin y su mujer, pero todo se fue al carajo cuando hubo un corte de luz. De tanto viajar, Truchito se había quedado sin plata para los recibos de la oficina, y justo Hernandez Bennet había invitado a unos operarios de Codensa a la fiesta….

 

 

19 de Diciembre de 1971

Hay quienes dicen que el clásico de la ciudad de Rosario es el más apasionante de la Argentina. Todavía más que un Boca – River. Por un lado, Rosario Central, el canalla, vestido de amarillo y azul y haciendo de local en Arroyito; por el otro, Newell’s Old Boys, el leproso, vestido de rojo y negro y local en Parque Independencia.

Una curiosidad: Alguna vez ámbos equipos acordaron jugar un partido a beneficio de una clínica que atendía personas que sufrían de lepra. Al final Central se arrepintió, por lo que se ganaron el ‘mote’ de canallas, mientras que Newell’s, que sí atendió el compromiso, se ganó para la posteridad el de leprosos.

Y el contexto: Central y Newell’s jugaban un semifinal de un torneo argentino en cancha neutra, quedando seleccionado el estadio Antonio Vespusio Liberti, más conocido como el Monumental, donde River Plate juega de local, en la ciudad de Buenos Aires. Una ciudad (Rosario) hecha una caldera y un partido que de entrada se postulaba para ser histórico. El Negro Fontanarrosa, prolífico escritor hincha de Central plasma sus sentimientos alrededor de aquel encuentro en este maravillo cuento, titulado “19 de Diciembre de 1.971”. El fútbol son sólo 22 atletas corriendo detrás de una pelota de cuero, pero cuánta poesía que cabe ahí….

Desde ya aclaro que el cuento lo tomé de la página http://www.momarandu.com/amanoticias.php?a=3&b=0&c=69017. En plena efervecencia futbolera por la aparición del magno vídeo del Tano Pasman y su reacción por el descenso de River, este cuento (y el vídeo también) muestran lo que es el fútbol en realidad, y la pasión que generan. Ésta es la esencia misma del fútbol, no aquellos hamponcitos que van a la cancha a hacerse los pístolas…

“Sí yo sé que ahora hay quienes dicen que fuimos unos hijos de puta por lo que hicimos con el viejo Casale, yo sé. Nunca falta gente así. Pero ahora es fácil decirlo, ahora es fácil. Pero había que estar esos días en Rosario para entender el fato, mi viejo, que hablar al pedo ahora habla cualquiera.

“Yo no sé si vos te acordás lo que era Rosario en esos días anteriores al partido. ¡Y qué te digo “esos días”! ¡Desde semanas antes ya se venía hablando, del partido y la ciudad era una caldera, porque eso era lo que era la ciudad! Claro, los que ahora hablan son esos turros que después vos los veías por la calle gritando y saltando como unos desgraciados, festejando en pedo a los gritos y después ahora te salen con que son… ¿qué son?… moralistas… ¿De qué se la tiran, hijos de mil putas? Ahora son todos piolas, es muy fácil hablar. Pero si vos vieras lo que era la ciudad en esos días, hermano, prendías un fósforo y volaba todo a la mierda. No se hablaba de otra cosa en los boliches, en la calle, en cualquier parte. Saltaban chispas, te aseguro. Y la cosa arrancó con el fato de las cábalas. O mejor dicho, de los maleficios.

“Hay que entender que no era un partido cualquiera, hermano, era una final final. Porque si bien era una semifinal, el que ganaba después venía a jugar a Rosario y le rompía el culo a cualquiera. Fuera Central como Ñul, acá le hacía la fiesta a cualquiera. ¡Y cómo estaban los lepra! ¡Eso, eso tendrían que acordarse ahora los que hablan al reverendo pedo y nos vienen a romper las pelotas con el asunto del viejo Casale! ¿No se acuerdan esos turros cómo estaban los lepra? ¿No se acuerdan ahora, mi viejo? Había que aguantarlos porque se corrían una fija, pero una fija se corrían, hermano, que hasta creo que se pensaban que nos iban a llenar la canasta. No que sólo nos iban a hacer la colita sino que además nos iban a meter cinco, en el Monumental y para latelevisión. ¡Pero por qué no se van a la concha de su madre! ¡Qué mierda nos van a hacer cinco esos culosroto! ¡Así se la comieron doblada! ¡Qué pija que tienen desde ese día y no se la pueden sacar! Pero la verdad, la verdad, hermano, con una mano en el corazón, que tenían un equipazo, pero un equipazo, de padre y señor mío.

“Hay que reconocerlo. Porque jugaban que daba gusto, el buen toque y te abrochaban bien abrochado. Estaba Zanabria, el Marito Zanabria; el Mono Obberti ¡Dios querido, el Mono Obberti, qué jugador! Silva el que era de Lanús, el albañil. ¡Montes! Montes de cinco; Santamaría el Cucurucho Santamaría, qué sé yo, era un equipazo, un equipazo hay que reconocer, y la lepra se corría una fija. ¿Sabés cuántos había en la ruta a Buenos Aires, el día del partido? Yo no sé, eran miles, millones, yo no sé de dónde habían salido tantos leprosos. Si son cuatro locos y de golpe, para ese partido, aparecieron como hormigas los desgraciados. Todos fueron. ¡Lo que era esa ruta, papito querido! Entonces, oíme, había que recurrir a cualquier cosa. Hay partidos que no podés perder, tenés que ganar o ganar. No hay tutía. Entonces si a mí me decían que tenía que matar a mi vieja, que había que hacer cagar al presidente Kennedy, me daba lo mismo, hermano. Hay partidos que no se pueden perder. ¿Y qué? ¿Te vas a dejar basurear por estos soretes para que te refrieguen después la bandera por la jeta toda la vida? No, mi viejo. Entonces, ahí hay que recurrir a cualquier cosa. Es como cuando tenés un pariente enfermo ¿viste? tu vieja, por ejemplo, que por ahí sos capaz hasta de ir a la iglesia ¿viste? Y te digo, yo esa vez no fui a la iglesia, no fui a la iglesia porque te juro que no se me ocurrió, mirá vos, que si no… te aseguro que me confesaba y todo si servía para algo. Pero con los muchachos enganchamos con la cuestión de las brujerías, de la ruda macho, de enterrar un sapo detrás del arco de Fenoy, de tirar sal en la puerta de los jugadores de Ñubel y de todas esas cosas que siempre se habla. Por supuesto que todas las brujas del barrio ya estaban laburando en la cosa y había muñecos con camiseta de Ñubel clavados con alfileres, maldiciones pedidas por teléfono y hasta mi vieja que no manya mucho del asunto tenía un pañuelo atado desde hacía como diez días, de ésos de “Pilato, Pilato, si no gana Central en River no te desato”. Después la vieja decía que habíamos ganado por ella, pobre vieja, si hubiera sabido lo del viejo Casale, pero yo le decía que sí para no desilusionarla a la vieja.

“Pero todo el fato de la ruda macho y el sapo de atrás del arco eran, qué sé yo, cosas muy generales, ya había tipos que lo estaban haciendo y además, el partido era en el Monumental y no te vas a meter en la pista olímpica a enterrar un sapo porque vas en cana con treinta cadenas y no te saca ni Dios después, hermano. Entonces, me acuerdo que empezamos con la cosa de las cábalas personales. Porque me acuerdo que estábamos en el boliche de Pedro y veníamos hablando de eso. Entonces, por ejemplo, resolvimos que a Buenos Aires íbamos a ir en el auto del Dani porque era el auto con el que habíamos ido una vez a La Plata en un partido contra Estudiantes y que habíamos ganado dos a cero. Yo iba a llevar, por supuesto, el gorrito que venía llevando a la cancha todos los últimos partidos y no me había fallado nunca el gorrito. A ése lo iba a llevar, era un gorrito milagroso ése. El Coqui iba a ir con el reloj cambiando de lugar, o sea en la muñeca derecha y no en la izquierda, porque en un partido contra no sé quién se lo había cambiado en el medio tiempo porque íbamos perdiendo y con eso empatamos.o sea, todo el mundo repasó todas las cábalas posibles como para ir bien de bien y no dejar ningún detalle suelto. te digo más, estuvimos parados en la tribuna en el partido contra Atlanta para pararnos de la misma manera en el partido contra la lepra. El boludo de michi decía que él había estado detrás del Valija y el Miguelito porfiaba que el que había estado detrás del Valija era él. Mirá vos, hasta eso estudiamos antes del partido, para que veas cómo venía la mano en esos días. ¿Y sabés qué te lleva a eso, hermano, sabés qué te lleva a eso? El cagazo, hermano, el cagazo, el cagazo te lleva a hacer cualquier cosa, como lo que hicimos con el viejo Casale.

“Porque si llegábamos a perder, mamita querida, nos teníamos que ir de la ciudad, mi viejo, nos teníamos que refugiar en el extranjero, te juro, no podíamos volver nunca más acá. Íbamos a perecer esos refugiados camboyanos que se tomaron el piro en una balsa. Te juro que si perdíamos nosotros agarrábamos el “Ciudad de Rosario” y por acá, por el Paraná, nos teníamos que ir todos, millones de canallas, no sé, a Diamante, a Perú, a Cuzco, a la concha de su madre, pero acá no se iba a poder vivir nunca más con la cargada de los leprosos putos, mí viejo. Ya el Miguelito había dicho bien claro que él se la daba, que si perdíamos agarraba un bufo y se volaba la sabiola y te digo que el Miguelito es capaz de eso y mucho más porque es loco el Miguelito, así que había que creerle. O hacerse puto, no sé quién había comentado la posibilidad de hacerse trolo y a otra cosa mariposa, darle a las plumas y salir vestido de loca por Pellegrini y no volver nunca más a la casa. Pero, te digo, nadie quería ni siquiera sentir hablar de esa Posibilidad. Ni se nombraba la palabra “derrota”. Era como cuando se habla del cáncer, hermano. Vos ves que por ahí te dicen “la papa”, o “tiene otra cosa”, “algo malo”, pero el cangrejo, mi viejo, no te lo nombra nadie. Y ahí fue cuando sale a relucir lo del viejo Casale. El viejo Casale era el viejo del Cabezón Casale, un pibe que siempre venía al boliche y que durante años vino a la cancha con nosotros pero que ya para ese entonces se había ido a vivir al norte, a Salta creo, lo vi hace poco por acá, que estaba de paso. Y ahí fue que nos acordamos de que un día, en la casa del Cabezón, el viejo había dicho que él nunca, pero nunca, lo había visto perder a Central contra Ñul. Me acuerdo que nos había impresionado porque ese tipo era un privilegiado del destino. Aunque al principio vos te preguntas, “¿Cómo carajo hizo este tipo pata no verlo perder nunca a Central contra Ñul? ¿Qué mierda hizo? Este coso no va nunca a la cancha”. Porque, oíme alguna vez lo tuviste que ver perder, a menos que no vayás a. los clásicos. Y ojo que yo conozco muchos así, que se borran bien borrados de los clásicos. O que van en Arroyito, pero que a la cancha del Parque no van en la puta vida. Y me acuerdo que le preguntarlos eso al viejo y el viejo nos dijo que no, y nos explicó. El iba siempre, un fana de Central que ni te cuento, pero se había dado, qué sé yo, una serie de casualidades que hicieron que en un montón de partidos con Ñul él no pudiera ir por un montón de causas que ni me acuerdo. Que estaba de viaje por Misiones —el viejo era comisionista—; que ese día se había torcido un tobillo y no podía caminar, que estaba engripado, que le dolía un huevo, qué sé yo, en fin, la verdad, hermano— que el viejo la posta posta era que nunca le había tocado ver un partido en que la lepra nos hubiera roto el orto. Era un privilegiado el viejo y además, un talismán, querido, porque así como hay tipos mufa que te hacen perder partidos adonde vayan, hay otros que si vos los llevás es número puesto que tu equipo gana. No es joda. Y el viejo Casale era uno de éstos, de los ojetudos.

Entonces ahí nos dijimos “Este viejo tiene que estar en el Monumental contra Ñubel. No puede ser de otra forma. Tiene que estar”… Claro, dijimos, seguro que va a estar, si es fana de Central, canalla a muerte. Pero nos agarró como la duda viste? porque nosotros no era que lo veíamos todos los días al viejo, te digo más, desde que el Cabezón se había ido al norte a laburar, al viejo de él no lo habíamos vuelto a ver ni en la cancha, ni en la calle ni en ninguna parte. Además, el viejo ya estaba bastante veterano porque debía tener como ochenta pirulos por ese entonces. Bah, en realidad ochenta no, pero sus sesenta, sesenta y cinco años los tenía por debajo de las patas.

Entonces, con el Valija, el Colorado y el Miguelito decimos “vamos a la casa del viejo a asegurarnos que va y si no va lo llevamos atado”. Porque también podía ser que el viejo no fuera porque no tuviera guita, qué sé yo. Nosotros ya habíamos pensado en hacer una rifa a beneficio, una kermesse, cualquier cosa. El viejo tenía que ir, era una bandera, un cheque al portador.

La cuestión es que vamos a la casa y… ¿a qué no sabés con lo que nos sale el viejo? Que andaba mal del bobo y que el médico le había prohibido terminantemente ir a la cancha, mirá vos. Nos sale con eso. Que no. Que había tenido un infarto en no sé qué partido, en un partido de mierda después que una pelota pegó en un palo, que había estado muerto como media hora y lo habían salvado entre los indios con respiración artificial y masajes en el cuore, que no había clavado la guampa de puro pedo y que le había quedado tal cagazo que no había vuelto a ir a la cancha desde hacía ya, mirá lo que te digo, dos años. ¡Hacía dos años que no iba a la cancha el viejo ese! Y no era sólo que él no quería ir sino que el médico y, por supuesto, la familia, le tenían terminantemente prohibido ir, lógicamente. No sé si no le prohibían incluso escuchar los partidos por radio, no sé si no se lo prohibían, para que no le pateara el bobo, porque parece que el viejo escuchaba un pedo demasiado fuerte y se moría, tan jodido andaba. Vos le hacías ¡Uh! en la cara y el viejo partía. ¡Para qué! Te imaginás nosotros, la desesperación, porque eso era como un presagio, un anuncio del infierno, hermano, era un preanuncio de que nos iban a hacer cagar en Buenos Aires, mi viejo. Entonces empezamos a tratar de hacerle la croqueta al viejo, a convencerlo, a decirle “Pero mire, don Casale, usted tiene que estar, es una cita de honor. ¡Qué va a estar mal usted del cuore, si se lo ve cero kilómetro! Vamos, don Casale —me acuerdo que lo jodía Miguelito— ¿cuántos polvos se echa por día? usted está hecho un toro”. Pero el viejo, ni mierda, en la suya. Que no y que no. Le decíamos que el partido iba a ser una joda, que Ñubel tenía un equipo de mierda y que ya a los quince minutos íbamos a estar tres a cero arriba, que el partido era una mera formalidad, que el gobierno ya había decidido que tenía que ganar Central para hacer feliz a mayor cantidad de gente. No sé, no sé la cantidad de boludeces que le dijimos al viejo para convencerlo. Pero el viejo nada, una piedra el hijo de puta. Para colmo ya habían empezado a rondar la mujer del viejo, madre del Cabezón, y una hermana del Cabezón, que querían saber qué carajo queríamos decirle nosotros al vicio en esa reunión, porque medio que ya se sospechaban que nosotros no íbamos para nada bueno. En resumen que el viejo nos dijo que no, que ni loco, que ni siquiera sabía si iba a poder resistir la tensión de saber que se jugaba el partido, aun sin escucharlo. Porque el viejo los diarios los leía, tan boludo no era, y sabía cómo venía la mano, cómo era la cosa, cómo formaban los equipos, suplentes, historial, antecedentes, chaquetillas, color, todo. Nos dijo más. “Ese día —nos dijo— bien temprano, antes de que empiecen a pasar los camiones y los ómnibus con la gente yendo para Buenos Aires, yo me voy a la quinta de un hermano mío que vive en Villa Diego”. No quería escuchar ni los bocinazos el viejo. “Me voy tempranito a lo de mi hermano, que a mi hermano le importa un sorete el fútbol, y me paso el día ahí, sin escuchar radio ni nada”. Porque el viejo decía y tenla razón, que si se quedaba en la casa, por más que se encerrara en un ropero, algo iba a oír, algún grito, algún gol, alguna cosa iba a oír, pobre desgraciado, y se iba a quedar ahí mismo seco en el lugar. Así que se iba a ir a radicar en la quinta de ese hermano que tenía, para borrarse del asunto.

“Muy bien, muy bien. Te digo que salimos de allí hechos bosta porque veíamos que la cosa venía muy mal. Casi era ya un dato seguro como para decir que éramos boleta. Para colmo, al Valija, el día anterior le había caído una tía del campo y él se acordaba que, en un partido que perdimos con San Lorenzo, esa misma tía le había venido el día antes. Era un presagio funesto el de la tía. Fue cuando decidimos lo del secuestro. Nos fuimos al boliche y esa noche lo charlamos muy seriamente. El Dani decía que no, que era una barbaridad, que el viejo se nos iba a morir en el viaje, o en la cancha, y después se iba a armar un quilombo que íbamos a terminar todos en cana y que, además, eso sería casi un asesinato. Pero al Dani mucha bola no le dimos porque ha sido siempre un exagerado y más que un exagerado, medio cagón el Dani. Pero nosotros estábamos bien decididos y más que nada por una cosa que dijo el Valija: el viejo estaba diez puntos. Había tenido un infarto, es cierto. Pero hay miles de tipos que han tenido un infarto y vos los ves caminando tranquilamente por la yeca y sin hacer tanto quilombo como este viejo pelotudo, con eso de meterse adentro de un ropero, o no ir a la cancha, o dejar que te rigoree la familia como la esposa y la otra, la hermana del Cabezón. Por otra parte, y vos lo sabés, los médicos son unos turros pero unos turros que se ve que lo querían hacer durar al viejo mil años para sacarle guita, hacerle experimentos y chuparle la sangre. Y además, como decía el Miguelito y eso era cierto, vos lo veías al viejo y estaba fenómeno. Con casi sesenta afios no te digo que parecía un pendejo pero andaba lo más bien. Caminaba, hablaba, se sentaba, qué sé yo, se movía. ¡Chupaba! Porque a nosotros nos convidó con Cinzano y el viejo se mandó su medidita, no te digo un vasazo pero su medidita se mandó. La cosa es que el Miguelito elaboró una teoría que te digo, aún hoy, no me parece descabellada. ¡El viejo era un curro, hermano! Un turrazo que especulaba con el fato del bobo para pasarla bien y no laburarla nunca más en la vida de Dios. Con el sover del bobo no ponía el lomo, lo atendían a cuerpo de rey y —la tenía a la vieja y a la hermana del Cabezón pendientes de él —viviendo como un bacan, el viejo. Y… ¿de qué se privaba? De algún faso; que no sé si no fasearía escondido; y de no ir a—la cancha. Fijate vos, eso era todo. Y vivía como Carolina de Mónaco el otario. Bueno, con ese argumento y lo que dijo el Colorado se resolvió todo.

“El Colorado nos habló de los grandes ideales, de nuestra misión frente a la sociedad, de nuestro deber frente a las generaciones posteriores, los pendejos. Nos dijo que si ese partido se perdía, miles y miles de pendejos iban a sufrir las consecuencias. Que, para nosotros y eso era verdad, iba a ser muy duro, pero que nosotros ya estábamos jugados, que habíamos tenido lo nuestro y que, de últimas, teníamos experiencias en malos ratos y fulerías. Pero los pibes, los pendejitos de Central, ésos, iban a tener de por vida una marca en sus vidas que los iba a marcar para siempre, como un fierro caliente. Que las cargadas que iban a recibir esos pibes, esas criaturas, en la escuela, los iban a destrozar, les iban a pudrir el bocho para siempre, iban a ser una o dos generaciones de tipos hechos bolsa, disminuidos ante los leprosos, temerosos de salir a la calle o mostrarse en público. Y eso es verdad, hermano, porque yo me acuerdo lo que eran las cargadas en la escuela primaria, sobre todo.

“Yo me acuerdo cuándo perdimos cinco a tres con la lepra en el Parque después de ir ganando dos a cero, cuando se vendió el Colorado Bertoldi, que todavía se estará gastando la guita, y te juro que yo por una semana no me pude levantar de la cama porque no me atrevía a ir a la escuela para no bancarme la cargada de los lepra. Los pibes son muy hijos de puta para la cargada, son muy crueles. ¿No viste cómo descuartizan bichos, que agarran una langosta y le sacan todas las patas? Son unos hijos de puta los pibes en ese sentido. Y lo que decía el Colorado era verdad. Ahora todo el mundo habla de la deuda externa, y bueno, hermano, eso era algo así como lo de la deuda externa, que por la cagada de cuatro reverendos hijos de puta que empeñaron el país, la tenemos que pagar todos y los hijos y los hijos de nuestros hijos. Y si estaba en nosotros hacer algo para que eso no pasara, había que hacerlo, mi querido. Además, como decía el Colorado, ya no era el problema de la cargada de los pendejos futbolistas, está también el fato del exitismo. Los pibes ven que gana un equipo y se hacen hinchas de ese equipo, son así, casquivanos. Son hinchas del campeón. Entonces, ponele que hubiese ganado Ñubel y… ¡a la mierda! … de ahí en más todos los pibes se hacían de Ñubel, ponele la firma. Y no te vale de nada llevarlos a la cancha, conversarlos, hablarles del Gitano Juárez o el Flaco Menotti, ni comprarles la camiseta de Central apenas nacen. No te vale de nada. Los pendejos ven que sale River campeón y son de River. Son así. Y en ese momento no era como ahora que, mal que mal, vos los llevás al Gigante y los pibes se caen de culo. Entonces, cuando van al chiquero del Parque, por mejor equipo que pueda tener Ñul, los pibes piensan “Yo no puedo ser hincha de esta villa miseria” y se hacen de Central. Porque todo entra por los ojos y vos ves que ahora los pibes por ahí ni siquiera han visto jugar a Central o a Ñul y ya se hacen hinchas de Central por el estadio. Es otra época, los pendejos son más materialistas, yo no sé si es la televisión o qué, pero la cosa es que se van de boca con los edificios.

“Entonces la cosa estaba clara, había que secuestrar al viejo Casale, o sino aguantarse que quince, veinte años depués, hoy por ejemplo, la ciudad estuviese llena de lepra sos nacidos después de ese partido, y esto hoy ¿sabés lo que sería? Beirut sería un poroto al lado de esto, hermano te juro.

“El que organizó la “Operación Eichmann”, como lo llamamos, fue el Colorado. La llamamos así por ese general aleman, el torturador, que se chorearon de acá una vez los judíos ¿viste? y lo nuestro era más o menos lo mismo. El Colorado es un tipo muy cerebral, que le carbura muy bien el bocho y él organizó todo. El Colorado ya no estaba par ese entonces en la O.C.A.L.. La O.C.A.L., no sé si sabés es una organización de acá, de Rosario, que se llama así porque son iniciales, O.C.A.L “Organización Canalla Anti Lepra”. Son un grupo de ñatos como el Ku-Klux-Klan, más o menos, que se reúnen en reuniones secretas y no sé si no van con capucha y todo a las reuniones, o si queman algún leproso vivo en cada reunión. Mirá yo no sé si es requisito indispensable ser hincha de Central, pero seguro seguro, lo que tenés que hacer es odiar a los lepra. Tenés que odiar más a los lepra que lo que querés a Central. Hacen reuniones, escriben el libro de actas, piensar maldades contra los lepra, festejan fechas patrias de partidos que les hemos ganado, tienen himnos, son como esos tipos los masones esos, que nadie sabe quiénes son. Andan con antorchas. Bueno, de la O.C.A.L., de la O.C.A.L. al Colorado lo echaron por fanático, con eso te digo todo pero es un bocho el Colorado y él fue el que organizó todo el operativo.

“Y te la cuento porque es linda, te la cuento porque es linda, no sé si un día de estos no aparece en el “Selecciones” y todo. Averiguamos qué ómnibus iba para Villa Diego, adonde tenía la quinta el hermano del viejo Casale. Desde donde vivía el viejo, ahí por San Juan al mil cuatro cientos, lo único que lo dejaba en ese entonces, si mal no recuerdo, era el 305 que pasaba por la calle San Luis. O sea que el viejo tenía que tomarlo en San Luis-Paraguay o San Luis-Corrientes, no más allá de eso a menos que fuera muy pelotudo y lo fuera a tomar a Bulevar Oroño que no sé para qué mierda iba a hacer eso. Ahora, la duda era si el viejo se iba a ir en ómnibus o en auto, porque si se iba en auto nos recagaba, pero nos jugábamos a que se iba a ir en ómnibus porque auto no tenía y seguro que el hermano tampoco tenía porque debía ser un muerto de hambre como él, seguramente. Y te digo que la cosa venía perfecta, porque el viejo nos había dicho que iba a salir bien temprano para no infartarse con las bocinas o sea que nosotros podíamos combinarlo con el horario de salida nuestra para el partido. Porque también nos cagaba si salía a la una de la tarde para Villa Diego porque después ¿cómo llegábamos nosotros a Buenos Aires para la hora del partido con el quilombo que era la ruta y en un ómnibus de línea? Lo más probable es que nos hiciéramos pelota en el camino por ir a los pedos. Y por otra parte, hermano, Villa Diego queda saliendo para Buenos Aires o sea que la cosa estaba clavada, era posta posta.

“Después hubo que hablar con los otros muchachos, porque convencer al Rulo no nos costó nada, a él le daba lo mismo y, además, le contamos los entretelones del asunto. Te digo que el Colora manejó la cosa como un capo, un maestro. El asunto era así, el Rulo es un fana amigo de Central que tiene un par de ómnibus, está muy bien el Rulo. Y en esa época tenía un par de coches en la línea 305. Fue un ojete así de grande, porque si no teníamos que conseguir otro coche, cambiarle el color, pintarlo, qué sé yo, ponerle el número, un laburo bárbaro. Pero el Rulo tenía dos 305 y con uno de ésos ya tenía pensado pirarse para el Monumental el día del partido y más bien que se llevaba como mil monos que también iban para allá. Lo sacaba de servicio y que se fueran todos a la reputísima madre que los parió, no iba a perderse el partido ese.

“Entonces, el Rulo, con los monos arriba Y nosotros, tenía que estar con el ómnibus preparado, el motor en marcha, por España, estacionado. Y el Miguelito se ponía de guardia, tomando un café, justo en un boliche de ahí cerca desde donde veían la puerta de la casa del viejo Casale. Creo que a las cinco, nomás, de la matina, ya estaba el Miguelito apostado en el boliche haciéndose el boludo y junando para la casa del viejo. Te juro que ni los tupamaros hubieran hecho un operativo como ése, hermano. Fue una maravilla.

“Apenas vio que salía el viejo con una canastita donde seguro se llevaba algún matambre casero, algo de eso, el pobre viejo, el Miguelito cazó una Vespa que tenía en ese entonces, dio la vuelta a la manzana y nos avisó. Cargó la moto en el ómnibus, en la parte de atrás, detrás de los últimos asientos y nos pusimos en marcha. Ya les habíamos dicho a tres o cuatro pendejos, de esos quilomberos de la barra, que se hicieran bien los sotas, que no dijeran ni media palabra y se hicieran los que apoliyaban. Nosotros también, para que no nos reconociera el viejo, estábamos en los asientos traseros, haciéndonos los dormido, incluso con la cara tapada con algún pulover, como si nos jodiera la luz, o con algún piloto. Te digo que el día había amanecido frío y lluvioso, como la otra fecha patria, el 25 de Mayo. Además, el quilombo había sido guardar y esconder todas las banderas, las cornetas, las bolsas con papelitos, los termos, todo eso. Uno de los muchachos llevaba una bandera de la gran puta que medía 52 metros ¡52 metros, loco! Media cuadra de bandera que decía “Empalme Graneros presente” y tuvimos que meterla debajo de un asiento para que el. viejardo no la vichara. La cosa es que el viejo subió medio dormido y se sentó en uno de los asientos de adelante que ya habíamos dejado libre a propósito para que no viera mucho del ómnibus. Rulo le cobró boleto y todo. Y nadie se hablaba como si no nos conociéramos. Y como el ómnibus iba haciendo el recorrido normal, el viejo iba lo más piola, mirando por la ventanilla. La cuestión es que llegamos a Villa Diego y el viejo tranquilo. Cada tanto, cuando nos pasaba algún auto con banderas en el techo, tocando bocina, el viejo miraba a los que tenía cerca y movía la cabeza como diciendo “¡Mirá vos!”.

“Se ve que tenía unas ganas de hablar pero nadie quería darle mucha bola para no pisarse en una de ésas. Así que nos hacíamos todos los dormidos. Parecía que habían tirado un gas adentro de ese ómnibus hermano. Como cuando se muere algún ñato ¿viste? que se queda a apoliyar en el auto con el motor prendido y lo hace cagar el monóxido de carbono, creo. Bueno, así parecía que a nosotros nos había agarrado el monóxido de carbono. Pero, cuando llegamos a Villa Diego, por ahí el viejo se levanta y le dice al Rulo “En la esquina, jefe.”. Y yo no sé qué le dijo el Rulo, algo de que ahí no se podía parar, que estaba cerrado el tráfico, que había que seguir un poco más adelante y el viejo se la comió, pero se quedó paradito al lado de la puerta. Al rato, por supuesto, de nuevo el viejo, “En la esquina”. Ahí ya el Rulo nos miró, porque se le habían acabado los versos. Y ahí, hermano… ¡vos no sabés lo que fue eso! Fue como si nos hubiésemos puesto todos de acuerdo y te juro que ni siquiera lo habíamos hablado. Empezaron los muchachos a desplegar las banderas, a sacar las cornetas y las banderas por la ventana, y a los gritos, hermano, “¡Soy canalla, soy canalla!” por las ventanas.

“Pero no para el lado del viejo, el pobre viejo, que la cara que puso no te la puedo describir con palabras, sino para afuera, porque los grones, con lo quilomberos que son, se habían ido aguantando hasta ahí sin gritar ni armar quilombo para no deschavarse con el viejo, pero cuando llegó el momento agarraron las banderas, empezaron a sacar los brazos y golpear las chapas del costado del ómnibus y también el Rulo empezó a seguir el ritmo con la bocina.

“¿Viste esas películas de cowboy, cuando los choros van a asaltar una carreta donde parece que no hay nadie, o que la maneja nada más que un par de jovatos y de golpe se abren los costados y aparecen 17.000 soldados que los cagan a tiros? ¿Que levantan la lona y estaban todos adentro haciéndose los sotas? Bueno, ese ómnibus debió ser algo así. De golpe se transfonnó en un quilombo, un escándalo, una de gritos, de bocinazos, cornetas, una joda. ¡Y la gente al lado de la ruta! Porque desde la madrugada ya había gente a los costados de la ruta esperando que pasaran las caravanas de hinchas. Era para llorar, eso, conmovedor, te saludaban, gritaban, levantaban los puños, por ahí algún lepra, a las perdidas, te tiraba un cascotazo… Pero vuelvo al viejo, el viejo, no sabés la caripela que puso. Porque nosotros lo estábamos mirando porque decíamos: éste es el momento crucial. Ahí el viejo o cagaba la fruta, el corazón se le hacía bosta, o salía adelante. El viejo miraba para atrás, a todos los monos que saltaban y cantaban y no lo podía creer. Se volvió a sentar y creo que hasta San Nicolás no volvió a articular palabra. Te digo que el Rábano, el hijo de la Nancy ya se había ofrecido a hacerle respiración boca a boca llegado el caso, que era algo a lo que todos, mal que mal, le habíamos esquivado el bulto porque, qué sé yo, te da un poco de asco, además con un viejo. Pero mirá, te la hago corta. Mirá, cuando el viejo ya vio que no había arreglo, que no había posibilidad de que lo dejáramos bajar del ómnibus, se entregó, pero se entregó entregó. Porque, al principio, nosotros nos acercamos y nos reputeó, nos dijo que éramos unos irresponsables, unos asesinos, que no teníamos conciencia, que era una,verguenza, qué sé yo todo lo que nos dijo. Pero después, cuando nosotros le dijimos que él estaba perfecto, que estaba hecho un toro, que si se había bancado la sorpresa del ómnibus quería decir que ese cuore se podía bancar cualquier cosa, empezó a tranquilizarse. El Colorado llegó a decirle que todo era una maniobra nuestra para demostrarle que él estaba perfectamente sano y que incluso el médico estaba implicado en la cosa.

“Mirá hermano, y creéme porque es la pura verdad ¿qué intención puedo tener en mentirte, hoy por hoy? mucho antes ya de entrar en Buenos Aires ese viejo era el más feliz de los mortales, te lo digo yo y te lo juro por la salud de mis lujos. El viejo cantaba, puteaba, chupaba mate, comía facturas, gritaba por la ventana y a la cancha se bajó envuelto en una bandera. No había, en la hinchada, un tipo más feliz que él. Vino con nosotros a la popu y se bancó toda la espera del partido, que fue más larga que la puta que lo parió y después se bancó el partido. Estaba verde, eso si, y había momentos en que parecía que vos lo pinchabas con un alfiler y reventaba como un sapo, porque yo lo relojeaba a cada momento. Y después del gol del Aldo, yo lo busqué, lo busqué porque fue tal el quilombo y el desparramo cuando el Aldo la mandó adentro que yo ni sé por dónde fuimos a caer entre las avalanchas y los abrazos y los desmayos y esas cosas. Pero después miré para el lado del viejo y lo vi abrazado a un grandote en musculoso casi trepado arriba del grandote, llorando. Y ahí me dije: si éste no se murió aquí, no se muere más. Es inmortal. Y después ni me acordé más del viejo, que lo que alambramos, lo que cortamos clavos, los fierros que cortamos con el upite, hermano, ni te la cuento. Eso no se puede relatar, hermano, porque rezábamos, nos dábamos vueltas, había gente que se sentaba entre todo ese quilombo porque no quería ni mirar. Porque nos cagaron a pelotazos, ya el segundo tiempo era una cosa que la tenían siempre ellos y ¿sabés qué era lo fulero, lo terrible? ¡Qué si nos empataban nos ganaban, hermano, porque ésa es la justa! ¡Nos ganaban esos hijos de puta! ¡Nos empataban, íbamos a un suplementario y ahí nos iban a hacer refocilar el orto porque estaban más enteros y se venían como un malón los guachos! ¡Qué manera de alambrar! Decí que ese día, Dios querido, yo no sé que tenía el flaco Menuttl que sacó cualquier cosa, sacó todo, vos no quieras creer lo que sacó ese día ese flaco enclenque que parecía que se rompía a pedazos en cada centro. Le sacó un cabezazo de pique al suelo a Silva que lo vimos todos adentro, hermano, que era para ir todos en procesión y besarle el culo al flaco ése ¡qué pelota le sacó a Silva! Ahí nos infartamos todos, faltaban cinco minutos y si nos empataban, te repito, éramos boleta en el suplementario. Me acuerdo que miro para atrás y lo veo al viejo, blanco, pálido, con los ojos desencajados, pobrecito, pero vivo. Y ahora yo te digo, te digo y me gustaría que me contesten todos esos que ahora dicen que fue una hijaputez lo que hicimos con el viejo Casale ese día. Me gustaría que alguno de esos turritos me contestara si alguno de ellos lo vio como lo vi yo al viejo Casale cuando el referí dio por terminado el partido, hermano. Que alguno me diga si, de puta casualidad, lo vio al viejo Casale como lo vi yo cuando el referí dio por terminado el partido y la cancha era un infierno que no se puede describir en palabras. Te digo que me, gustaría que alguien me diga si alguien lo vio como lo vi yo. ¡La cara de felicidad de ese viejo, hermano, la locura de alegría en la cara de ese viejo! ¡Que alguien me diga si lo vio llorar abrazado a todos como lo vi llorar yo a ese viejo, que te puedo asegurar que ese día fue para ese viejo el día más feliz de su vida, pero lejos lejos el día más feliz de su vida, porque te juro que la alegría que tenía ese viejo era algo impresionante! Y cuando lo vi caerse al suelo como fulminado por un rayo, porque quedó seco el pobre viejo, un poco que todos pensamos; “¡qué importa!” ¡Qué más quería que morir así ese hombre! ¡Esa es la manera de morir para un canalla! ¿Iba a seguir viviendo? ¿Para qué? ¿Para vivir dos o tres años rasposos más, así como estaba viviendo, adentro de un ropero, basureado por la esposa y toda la familia? ¡Más vale morirse así, hermano! Se murió saltando, feliz, abrazado a los muchachos, al aire libre, con la alegría de haberle roto el orto a la lepra por el resto de los siglos! ¡Así se tenía que morir, que hasta lo envidio, hermano, te juro, lo envidio! ¡Porque si uno pudiera elegir la manera de morir, yo elijo ésa, hermano! Yo elijo ésa.